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Crónica I: El fin no justifica los medios.

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Crónica I: El fin no justifica los medios.

Mensaje por Tifón el Dom Mayo 22, 2011 9:20 pm

“¡Rápido, que no escape! ¡Dispárenle!”

Esa fue la orden del oficial de policía que dio inicio al tiroteo, haciendo entrar inmediatamente en pánico aquella avenida principal en las arterias de Nueva York. Los estruendos retumbaban en los oídos de la atemorizada ciudadanía que corría con la mala fortuna de encontrarse ahí en aquel momento, todos en el suelo y con las manos cubriendo sus cabezas, mientras los azules vaciaban desesperadamente los cargadores de sus armas de servicio contra su objetivo, aquella criatura veloz y salvaje, la que había iniciado tal caos, a la medida que ésta arrancaba frenéticamente de la andanada de proyectiles que buscaban derribarla, encontrando refugio tras una abolida patrulla policiaca.

Todo había comenzado hacía no más que unos diez minutos, cuando el extraño aún no identificado entró a un local de comida rápida cercano, tipo McDonalds, amenazando a los trabajadores a que le diesen una de esas famosas promociones que se vendían como pan caliente cada día, las llamadas “Cajas felices”. Ante la negativa de los empleados, el sujeto se volvió increíblemente agresivo, llegando al punto de envolverse en un intercambio de golpes con otro de los clientes del lugar, lo cual terminó, tan rápido como comenzó, con la muerte de éste último, siendo literalmente decapitado por el desconocido. Al menos, así es como lo declaraban algunos testigos y era todo lo que se sabia del suceso hasta antes de la llegada de los polis.

En su escondite, el perseguido exhalo tranquilo, un tanto hastiado de la situación, mientras los casquetes de las balas sonaban repetidamente contra el concreto y los proyectiles mismos se incrustaban violentos en fuertes repercusiones contra el metal de la patrulla tras la cual se detuvo. No estaba agotado o herido, en lo más mínimo, solo se detuvo a verificar el estado del botín que logró rescatar de su intromisión en el local de comida barata: la famosa caja feliz que había ingresado pidiendo de buena gana; sintiéndose aliviado al ver que ésta aún se encontraba en condiciones dignas… o, al menos, comibles. –¿Realmente esta chatarra amerita tanto alboroto? Bueno, si, también está el otro sujeto…- murmuró para si mismo, asomándose bajo el vehículo por breves instantes a observar el panorama general. La policía había detenido la lluvia balística y se desplegaban entorno al terreno, buscando rodearlo.

Una sonrisa nefasta se formo en sus gélidos labios finos, casi mortuorios, incorporándose cual espectro de las profundidades, clamando respeto ante su efigie, asomando su inmensa figura por sobre el carro policial -…Tiempo-. Con un inmenso brinco, sobrepasó el obstáculo que tenía frente a él, elevándose por sobre los gorros de sus perseguidores, alejándose varios metros en dirección a un poste cercano del tendido eléctrico; la policía reabrió fuego, gritándose entre sí que el blanco estaba nuevamente en movimiento. Antepuso ambos pies contra el poste antes de colisionar contra éste y, con fuerza inhumana, lo uso como plataforma para contra impulsarse, de la misma manera que lo haría un colosal resorte, proyectándose hacia terreno lejano, rebosando ridículamente el bloqueo policiaco.

Vicioso e indetenible, como una bestia alienada se desplazaba en una frenética carrera por las calles de Nueva York. Saltó sobre un carro policiaco que iba llegando a la escena, incrustando su puño derecho a través del cristal frontal del vehículo, engarzando su fatal diestra en el rostro del conductor, rajando piel y rostro con sus negruzcas garras, haciendo gritar en dolor y agonía a su victima, mientras el copiloto disparaba ineficientemente contra su torso a través del vidrio –¿¡No saben cuando detenerse!?-. Con la misma agilidad sorprendente que había iniciado su escape, bajo del automóvil antes que este perdiese el control y se estrellase contra una tienda cercana. Cayo agazapado, observando la senda de destrozos y desorden generada tras él, sus garras ensangrentadas marcaron el concreto con el elixir carmesí del cual estaban teñidas. Retomó su escape, perdiéndose en los infinitos callejones de las calles de aquella interminable metrópolis.

Sus pasos solitarios lo llevaron hacia uno de los más abandonados callejones de aquel enmaraño laberinto de pobreza y desolación. Sus ojos se cruzaban de vez en cuando con los de los mendigos y huérfanos que repletaban esas calles infestadas de tristeza y muerte; finalmente llego al final de una callejuela, donde había una concentración mayor de personas. Al centro de el cumulo social se encontraba un pequeño, no debía tener más de unos trece años, arropado entre trapos y una inmensa chaqueta café, las cuales lo protegían del frio de tal lugar, estaba en un estado total de inanición, famélico incluso. Los ancianos miraron sorprendidos la aparición del distante mutante, el cual se aproximó con caminar cauteloso, sin sublevaciones, sumiso se podría decir.

-Volviste…- replicó el que parecía ser el líder del grupo, aún sin dar crédito a lo que observaba. –No solo volví, también vine a cumplir mi palabra- replicó el prófugo de la policía, arrodillándose a un costado del menor, acariciando su rostro con el revés de su fría zurda. No pudo sino sentir misericordia y compasión por el menor. –Traje las medicinas y alguno que otro regalo más…- susurró, dejando a un costado del caído cuerpo un paquete con diversos frascos y remedios. El niño se encontraba dormido en una expresión agónica, pareciendo sufrir cada segundo de su profundo sueño. –Michael, no sabemos como agradecértelo…- musito casi sin voz el anciano, mientras era abrazado por una de las mujeres, la cual rompió en un silencioso llanto.

-Nada que agradecer, abuelo… y, por cierto, deja de llamarme Michael, sabes que ya no corro por ese nombre. Hey, muchacho… vamos, despierta, crio, abre los ojos, te tengo una sorpresa- palmeo sutilmente la mejilla del niño, el cual reacciono un tanto sobresaltado, mirando perdido su alrededor, solo al encontrar los ojos amables del prófugo y los ancianos que llevaban cuidado de él por tanto tiempo le devolvieron la calma. Pareció querer musitar algo, pero ya no tenia voz, la enfermedad se la había arrancado de cuajo; el que llamarón “Michael” puso su índice en su boca, indicándole que guardase silencio. –No hables, te traje una sorpresa… no es gran cosa, pero todos merecen algo en su cumpleaños- dejo sobre el regazo del muchacho la abolida y destartalada caja de comida que había robado desde el local hacia unos quince minutos. El rostro del niño se lleno de jovialidad, abrazando y aferrándose fuertemente a su brazo derecho; el rostro del prófugo se sorprendió, desfigurándose sin saber como reaccionar. –Tú… yo… vamos, suelta…-

El menor se reclino en su lecho creado de restos y aquella notoriamente grande chaqueta, comenzando a abrir la caja con fascinación, buscando el famoso juguete por las cuales éstas eran conocidas. El visitante se levantó, no sin antes acariciar los cabellos del feliz niño, emanando un vago intento de sonrisa, fue cuando notó que las ropas y rostro de éste estaban manchadas con la sangre del policía o sujeto que había acribillado en su violento escape, seguramente transferida cuando él se aferró a su brazo. –Debo irme, muchacho…- musitó acongojado -Abuelo, cuida mucho de él, es una de cada una cada cuatro horas… y, por cierto, soy Tifón- menciono firme al final, marcando claramente su identidad, él no era humano o mutante, era un asesino, a eso se había dedicado toda su vida y jamás saldría de aquella sombra, ni siquiera la muerte podría librarlo de tal karma; Michael fue un nombre que ya no era válido para él, solo era el recuerdo de otro tiempo, ahora era una bestia salvaje, perseguida y perseguidora, era Tifón. Retomó su caminar fuera del lugar, perdiéndose entre los callejones con dirección a los muelles cercanos, donde buscaría algo de soledad.

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Re: Crónica I: El fin no justifica los medios.

Mensaje por The Saint el Lun Mayo 23, 2011 2:35 am

La iglesia nunca se le hizo tan tranquila como esa mañana, ocultando los sonidos de la ciudad cubierta de tumultos y quejas. Iría por un café, o eso era lo que pensaba hacer cuando salió del templo con su caminar relativamente lento. Pero el grupo de personas alrededor del Mc Donalds de la zona hizo que comenzase a aligerar el paso. No pudo ver mucho y las voces entremezcladas le impedían escuchar, pero dentro del negocio había mucha sangre y en medio de los gritos se escuchaba claramente "Asesino".

Sin detenerse a mediar la situación,a investigarla se abrió paso por entre las personas corriendo a los policías que seguían a un criminal. Pasó corriendo frente a la puerta abierta del negocio y vio el suelo cubierto de sangre. Quien haya hecho semejante masacre no era menos que una bestia. Llevó ambas manos a su boca y dejó escapar su aliento agitado en ellas, el cual se filtró por los poros de la piel de sus palmas calientes, pasando paulatinamente de estas hasta envolver sus antebrazos y así el resto de su cuerpo. La velocidad de Jeremy aumento, evitando con agilidad sobrehumana los automóviles que se cruzaban en su camino. Flexionó las piernas y en un salto llegó a la terraza de una de las casas para continuar su carrera por encima de los techos.

No era difícil seguir desde las alturas a ese ser de destrucción y muerte, que dejaba un camino de caos por donde pasaba. La policía se detuvo para socorrer a las victimas de los accidentes de tránsito que el fugitivo había ocasionado por lo que el único que había contemplado el fin del escape de ese hombre fue Jeremy.

Con un salto ágil, cayó ligeramente sobre sus pies y continuo su carrera hacia los barrios bajos. A medida que se adentraba en estos su paso se volvió más y más pausado hasta verse caminando por las callejuelas de esas casas precarias hechas de basura y cartones. Las ratas pasaban por encima de sus zapatos y el hedor a descomposición ahogaba su olfato pero no había un gesto que delatara eso en su rostro. Las personas le miraban con curiosidad malsana, como si el miedo y el rechazo se tradujera en sus gestos pensando que tal vez venía con intensiones de dañarlos.

Esas eran las ovejas olvidadas de la sociedad, la cual pensaba que por tener pocos recursos no eran personas dignas de hogar. Veía mendigos y ancianos, también niños y enfermos, todos buscando una forma de sobrevivir pero, no veía al asesino entre ellos. Ninguno de ellos tenía la complexión física de aquel hombre que él había seguido en brutal carrera. Estaba a punto de rendirse conmovido por la visión de la más baja pobreza cuando un hombre de unos dos metros emergía de la oscuridad subyacente de un callejón. Al verle de espaldas, no tuvo el menor vestigio de dudas de que ese hombre /bestia habia sido el causante de la muerte de varias persona. Estiró su mano hasta que su palma tocase una pared de ladrillos y cemento, viendo al extraño alejarse. Podría haber sacado el arma pero no, no frente a esas personas.

Aspiró el aire que le envolvia y sus ojos pestañearon rapidamente, cerrandose para luego abrirse y mostrar que sus pupilas color miel habian desaparecido bajo una capa blanquecina. Sus dedos se habian vuelto helados y tiesos al igual que cada uno de sus musculos. Movió la cabeza hacia atras y luego hacia adelante, sonando su cuello con un crack seco y siguió caminando, no corriendo, detrás de aquel pero a una prudente distancia, oculto entre las sombras y las paredes de aquellos callejones de mala muerte.

Pasaron un par de minutos en los cuales su mirada estaba fijamente colocada sobre el fugitivo y no fue hasta que los sintió en soledad a ambos, en una calle oscura que conectaba la zona baja de la ciudad con los muelles, donde el olor a pescado llegaba hasta la nariz, que Jeremy introdujo su mano dentro de su gabardina y sin vestigios de dudas sacó de su interior un arma de fuego.

-No ataco por la espalda a menos que la situación lo amerite. Volteate por favor y mira a los ojos a tu verdugo -

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Pecador.

Mensaje por Tifón el Mar Mayo 31, 2011 2:31 am

Aquel arcaico sentimiento de soledad una vez más lo alienaba de los otros, conduciéndolo sombrío hasta los más vetustos rincones de los muelles de Nueva York, extraviado incluso para sí mismo. La imagen del pequeño manchado por la sangre, aquella misma con la cual el asesino se había ensuciado aquel día, aún rondaba incandescente por su pensamiento, en un interminable afluente de desagradables sensaciones; no importaba cual fuese su intención, estaba marcado por la bestia, él ser voraz que jamás lo abandonaría, pues éste había sellado su destino desde el mismo día de su nacimiento o, al menos, así lo creía él. Una creciente jaqueca comenzó a brotar, nunca auguraban un buen día.

Fue entonces que un sonido metálico muy conocido por él retumbó en sus oídos, el clásico ruido de un arma de fuego al ser desenfundada; inconfundible. Su marcha se detuvo y quedó estático, sin parecerse inmutar por tal amenaza, a la par que sus falanges se tensaban con una fuerza casi rabiosa, revelando un par de temibles garras en la sombra que su cuerpo proyectaba. Aquella migraña, justo ese día, lo habían encontrado no solo nadando alto, sino totalmente vulnerable a cualquier situación. –¿Así que mi verdugo, eh?- susurró apenas audible –Eres bastante rápido para ser simplemente eso, un "verdugo"- Calló y se mantuvo quieto por varios segundos, preparado ante cualquier sorpresa, aún no tenía idea de quien se trataba este desconocido o que clase de peligro presentaba. Irónico y burlesco, rompió el hielo de la tensa situación tronando su cuello, generando un sonoro "¡Crack!" que retumbó como ecoico en aquel callejón del muelle. –Exijo antes, sin embargo, oh juez mio, que me diga... ¿En que he pecado?- Totalmente inesperado y amenazante, el terror marino se volteó fugas, con ambas palmas extendidas a sus costados, mostrando una postura totalmente agresiva; sus ojos buscaron lo de su inquisidor, penetrando violentos a través de éstos, casi deseando devorar su alma en terror y angustia, mientras los iris propios se teñían de un sádico tinte rojizo.

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Re: Crónica I: El fin no justifica los medios.

Mensaje por The Saint el Mar Jun 07, 2011 11:37 pm

De pie sostenía el arma en su mano extendida hacia el mutante de espaldas, siendo la misma una extensión de su antebrazo poderoso, el cual absorvía con intimidante rapidez la solides metalica de la pistola bañada en hierro plateado. Su sola postura resultaba intimidante, viendo de costado a su presa con los ojos cubiertos por lentes de sol negro que reflejaban la luz, ocultando la magnifica metamorfosis de sus irises que dejaron de ser color miel para tornarse plateados y terminar siendo completamente blancos, como si hubiese desaparecido el centro del globo ocular. El mutante fugitivo habia huido por las zonas más bajas de la ciudad, introdujendose en las cercanías del mar, debajo del puerto donde la arena llena de cadáveres de peces y mariscos era azotada por las olas de agua salada.

-Vi lo que hiciste en ese local de comida rápida. Una persona está muerta y el olor de su sangre llega hasta tus manos. Puedes ser muchas cosas pero no creo que seas mentiroso. La muerte sigue tus pasos-

Con su brazo aun extendido y su piel helada por el contacto con el metal absorbido de su propia arma, Saint da un paso hacia adelante, en perfecta postura erguida, moviendose a la par de su movimiento la tela de cuero de su sobretodo negro.

- Y no solo fue la muerte en el local. Accidentes se produjeron por tu culpa, gracias a tu huida. Gente inocente ha muerto este dia y tu eres el culpable. Dime, si tienes algo de hombria ¿ Me equivoco? -

Su mirada no tenía el menor rasgo de emoción, como si fuese un rostro tallado en un bloque de hielo, pálido y a la vez concentrado, viendo a su oponente, una bestia furiosa frente a él, sin el menor resquicio de temor o intimidación.

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La hombría es para los hombres.

Mensaje por Tifón el Jue Jun 09, 2011 4:50 am

Sonrió cínico, escuchando las declaraciones de su acusador, analizando fugazmente la situación; no solo había sido rastreado por su implacable verdugo, sino que además estaba a merced de todo el conocimiento que éste parecía haber obtenido sobre su paradero o acciones recientes, pero este último punto no lo inquietaba en lo más mínimo, después de todo, si el sujeto realmente lo conocía o sabía a que clase de individuo estaba buscando ajusticiar, seguramente la "lista de pecados" se hubiese extendido un poco más, como hasta que el sol hubiese sido tragado por el horizonte. –¿Hombría? Hmph... Aún así eres tan lento como cualquier otro "Verdugo" que he visto antes. Después de todo...– a medida que profería estas palabras, alzó lentamente su diestra hasta posicionarla frente a él, la misma manchada por la ya seca sangre, señalando a su interlocutor, para luego invitarlo lenta y burlescamente con el indice a que presionara el gatillo del arma con el cual lo amenazaba –...Creí que ya habíamos zanjado que no soy ningún hombre– Una sonrisa macabra se formó en su faz, mostrando entre las tinieblas la perlada sonrisa de infinitos colmillos que componían ésta.

Con una potencia inhumana, brincó relampagueante hasta la posición misma del Santo, buscando darle un devastador zarpazo con su zurda, abalanzando todo su cuerpo en tal acción; la cual, en caso de fallar, preparaba su pierna derecha para lanzar una contundente y demoledora patada directo a un costado de su cuerpo. Cada golpe era lo suficientemente poderoso como para desgarrar la carne del humano común con ridícula facilidad, pero el verdadero peligro era la voracidad y vicio que exaltaban aquellas acciones, las cuales eran la verdadero y más temible riesgo que aquel mutante totalmente ya carente de mesura poseía, pues lo libraban de miedo al arma de fuego con el cual era amenazado y, en realidad, a cualquier cosa. –¡Creo que se te olvidó contar ésto!–
Off:
Ya te dije todo lo que te debía decir sobre los muelles de NY por privado, Gabriel Jajaja

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Re: Crónica I: El fin no justifica los medios.

Mensaje por The Saint el Dom Jun 12, 2011 8:32 pm

El silencio que regalaba a su oponente era fruto de la frialdad que se apoderaba de cada una de sus moleculas, siendo así incapaz de sentir emoción alguna, volviendose tal sensación un punto de bloqueo para las propias emociones. El latido de su corazón comenzó a alertarse como si el músculo buscase entrar en un letargo sin llegar a detenerse por completo, y su respiración se volvió lenta, tardía, volviendose un bloque de carne endurecida como el metal, el cual había absorvido con las palmas de sus manos desnudas. El oponente se lanzó hacia el angel de la oscuridad, quien no perdió un solo movimiento con su aguda visión, para entonces echar hacia atrás el cuerpo empujando así la pierna izquierda posando en ella el peso de su ser. El zarpazo del mutante le pasó por enfrente de tal forma que de el santo haber gozado de su capacidad de sentir hubiese podido apreciar el aire golpeando la piel de sus mejillas. Pero el segundo golpe fue dificil de evitar, cuando en una demoledora patada, su contrincante plasmó la energia de su pierna en el costado izquierdo del cuerpo del Santo.

Jeremy dejó escapar un resoplido pero su cuerpo no se movió más que un poco, marcando en el suelo del muelle sus pies separados. Aun así sabía que el dolor que sentiría al recobrar su estado normal sería infernal. Entonces flexionó su brazo derecho en un movimiento robotico pero seguro, para posar el cañón de la Desert Eagle .50 justo en el costado de la cabeza de su oponente, jalando el gatillo dos veces.

Spoiler:

http://youtu.be/__JkOUheyVk Esta es la Desert Eagle, para que te des una idea, mi viejo. Disculpa mi poca predisposición a ser más explicito con palabras pero estoy a contra reloj. Y no me jodas con el muelle.

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Como un pez fuera del agua.

Mensaje por Tifón el Lun Jun 13, 2011 10:47 pm

Incluso en el aire logró manifestarse la fuerza desmedida con la cual iba dirigido el fallido zarpazo, cortando éste en un silbante y brutal relampagueo. Un ataque tan visceral, como avasallante en potencia, que solo podía ser equiparado con la manía que empleaba en su extremidad inferior derecha, la cual impactó de lleno a un costado de su perseguidor. ¿Como era posible? No solo se mantenía en pie, sino que había logrado contener el golpe con total estoicismo, arrastrando el mismo muelle bajo sus pies antes de ceder por el moméntum generado por la agresión; contra un individuo normal, aquel ataque no solo hubiese podido resultar demoledor, sino incluso fatal. Tifón quedó suspendido unos instantes frente a él, observándole con total cizaña, mientras el juez posicionaba sin ninguna misericordia el arma de gran calibre a un costado de su cráneo, casi anunciando su final.

"Oh, hijo de..."

Veloz, exhibiendo reflejos vástamente sobrehumanos, buscó voltear su cabeza hacia la dirección misma por donde era apuntado, con la intención de hacer el cañón del arma resbalar por su región parietal {El costado del cráneo}, haciendo así que el peligro al fuego de éste quedase dirigido a un punto muerto y vació tras él. Sin embargo, su rival estaba totalmente decidido a disparar incluso de antes de comenzar la acción; los métodos del terror marino no fueron suficientes. Una bala impacto a penas a un costado de su cabeza, rebotando contra la descomunal resistencia de la misma, proyectándose junto a la segunda, la cual si logró evitar, contra el inmenso terreno del muelle, perdiéndose ambas. Tifón no liberó ningún alarido o clamor, es más, sus ojos se habían tornado asesinos, resplandecientes en tinte rojizo y todavía más fieros, dirigiendo una mirada de soslayo al extraño.

Buscando usar el mismo cuerpo de su rival como apoyo, su pierna derecha, la cual aún permanecía a un costado de éste tras el primer impacto, le propiciaría el suficiente impulso como para contorsionar grotesca y violentamente toda su fisionomía, aún suspendida en el aire, de la misma manera que las más terribles criaturas marinas actúan cuando son arrancadas del agua, salpicando un par de gotas de oscura sangre morácea que amanaban a un costado de su sien. Todo con la intención de girar su rostro directamente hacia el brazo armado de su rival, buscando dar un voraz y destructivo mordisco sobre la inmensamente peligrosa arma. Aquellas fauces no eran comunes, nada en él lo era, en realidad, pues en éstas residía una fuerza tan espeluznante que era capaz de arrancar huesos sin ningún esfuerzo o triturar concreto y otros metales con solo un par de intentos. Así de mortales lo denotaban sus perlados dientes de tiburón, buscando destruir el cañón del arma por un costado, evitando nuevamente ser disparado por ésta, a la vez que proyectaba un demoledor rodillazo con la pierna izquierda directamente hacía la nariz de su ejecutor. Todo su cuerpo actuando como una máquina perfectamente sincronizada con el entorno y sus movimientos, como si aquella no fuese la primera vez que hubiese estado sometido a tal situación; tenía pericia ya en aquella clase de bailes.

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Re: Crónica I: El fin no justifica los medios.

Mensaje por The Saint el Sáb Jun 18, 2011 9:38 pm

En un instante se vieron como dos nemesis cruzados, viendo a los ojos vacios del verdugo un ser lleno de ira y desprecio por la vida humana. Los ojos activos del Santo brillaron nuevamente detrás de sus lentes mientras una gota de transpiración caía por su quijada, cuando en un extramo movimiento fisico de su oponente éste abre la boca tomando como una bestial criatura marina el cañón de su arma. Al prinpicio parecía que apuntaba a tomar la mano del guerrero, pero Jeremy hundió su homoplato de forma descomunal en acto instintivo para salvar su extremidad, siendo solo el cañón del arma el sujeto por los dientes. Una animal no podía tener tanta potencia en un solo mordisco, llegando a dejar la marca de sus afilados colmillos en el metal aun ardiente por los disparos. Con la mano libre buscó abrir su tapado pero otro golpe llegó de improvisto, nuevamente tan veloz como el primero, por lo que en lugar de posar sobre su otra arma la palma, sujetó de imprevisto la rodilla izquierda del oponente.

Su poder se activo nuevamente al contacto directo con ese mutante pero un "crack" se hizo sentir en la muñeca del mutante, a lo que solo presionó la mandibula en un gesto muerto. Era demasiado fuerte para un combate cuerpo a cuerpo, incapaz un hombre con los dones como los suyos aplacarlo. Pero solo un hombre de fe podía soportar los dolores más atroces, sabiendose que una vez que su don desapareciese, el solo hecho de mover un músculo sería odisea. La palma de sus manos comenzó a arder y una sensación de cosquilleo recorrió sus manos para extenderse por todo su cuerpo. Jamás había absorbido una composición similar siendo siempre el metal o el aliento sus elementos favoritos. Pero la piel del mutante con quien peleaba no era dura de por sí, lo era porque estaba compuesta de una serie de escamas que lograban dispersar la fuerza empleada en su contra. Por eso la primer bala le había hecho sangrar. Como si todo lo anterior se hubiese dado en cámara lenta, Saint abre los ojos notando que su piel ahora ya no tenía la dureza del metal. Sino que era extremadamente diferente.

Ya no era pesado como el metal, y no tenía idea si podía ser agil, veloz o fuerte. Pero la cercanía con su oponente impedían que se tomase el tiempo para hacer las pruebas convenientes y , mientras Tifón tenía en sus monstruosas fauses el arma ahora completamente inutil, Saint estiró los dedos de la mano que la había sostenido hasta los ojos hasta su rostro, acortando en un movimiento veloz la distancia, para buscar así introducir en el globo ocultar de Tifon el índice y el mayor, siendo lo único que podía atacar de su enemigo con las manos desnudas. Solo necesitaba que se alejase, solo un respiro. Y en un momento de desesperación, en su mente resonó la oración que había recitado a cada uno de sus muertos:

- Seré pastor, por ti, señor por ti.-

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No humano, no mutante.

Mensaje por Tifón el Dom Jun 19, 2011 10:59 pm

Humanos y mutantes, esas eran las facciones envueltas en el sanguinario y descomunal conflicto que, con flamas de guerra, se propagaba alrededor del mundo, acechando constantemente desde la sombra de su inminente estallido. Una revolución que consumiría mucho más que las vidas de ambos bandos, sino sus propios principios más básicos. Y es que cuando los hombres son expuestos a la presión de la guerra, se olvidan de su misma naturaleza, se vuelven perros de guerra, carentes de toda compasión o algún resquicio de la lógica por la cuales entraron a tal masacre. Irónicamente, en un apartado sector de los muelles de Nueva York, dos individuos eran claro ejemplo de aquello, despojados totalmente de humanidad o facción alguna.

No eran mutantes, no, ni siquiera eso. Eran exiliados, seres que no pertenecían a ningún grupo, no tenían aliados y nadie más en quien confiar que en sí mismos. Tampoco esa era la respuesta a aquel caos colectivo que invadía a las masas, despojarse del odio en conjunto en pos de hacerse valer por uno mismo. Sobrevivientes del laberinto de concreto en el cual vivían, cerca y a la vez tan lejos el resto, humano o mutante. Ellos eran de una clase totalmente distinta.

Los dedos del ajusticiador se clavaron brutales en el orbe visual derecho de la voraz criatura, haciendo que ésta emanara un bramido desgarrador, generado desde sus más profundas entrañas, mas no era de dolor, en lo absoluto, era una respuesta inmensamente violenta, frustrada y colérica ante la tesón obstinada y decidida de su inamovible antagonista. En un acto reflejo, tras caer y posicionarse en tierra firme, lanzó inmediatamente un zarpazo con su diestra a la mano de su agresor, buscando desgarrarla o apartarla en el proceso, mientras su zurda, casi en desesperación, repitió el mismo acto que el verdugo, buscando alcanzar su ojo izquierdo, intentando empalarlo con toda la brutalidad sus mortales garras eran capaces de generar, convirtiendo su propio brazo en una falange letal que arremetía con abrumadora velocidad, devolviéndole así el favor.
Spoiler:
Gabo, te mando un MP. ¡Saludos, cabrón!

Tifón

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Re: Crónica I: El fin no justifica los medios.

Mensaje por The Saint el Miér Jun 22, 2011 10:39 pm

Pero antes de poder apartar su mano de la masa gelatinosa que formaba el ojo de Tifón, en un acto reflejo, lanzó un zarpazo hacia su mano, buscando arrancarla. Las garras del mutante empujaron la mano de manera brutal, haciendo que el Santo retrocediese y cayese de codo al suelo evitando de esa forma el segundo golpe, solo por el impulso del primero. La manga de su gabardina había sido cortada dejando las marcas del zarpazo de Tifón y en su piel blanca se abrieron tres heridas productos del golpe lanzado. Aun así no se veían tan profundas como el dolor que producían. La razón de esto se debía a la piel que Santo había absorbido, actuando esta como escudo, logrando evitar que el golpe le arrancase la mano más inutilizándola. Hizo un gesto de dolor mientras los lentes caían al suelo y sus ojos se teñían de rojo, introduciendo su otra mano hacía el interior de la gabardina, sacando así su segunda Desert Eagle. Extendió el brazo y sin detenerse empezó a disparar al mutante frente a él.

El santo no retrocede jamás. Él gana o muere. Desde el suelo con una mano tan herida que solo se movía en movimientos espasmódicos, sus ojos no dejaron de observar a su oponente, lanzando disparos que, para otros, serían mortales a la altura del pecho mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. Sus manos habían hecho manar ríos de sangre impía y ahora, sería su sangre la que adornaría el suelo. Un Santo teñido con la sangre corrupta, que en su afán de justicia, se convirtió en exterminador y de esa forma, en asesino.

-En el poder extendido de tu mano, mis pies ejecutarán rápidamente tus órdenes.-

Continuó presionando el gatillo hasta que las balas se acabaron mientras su mano absorbía de manera inconsciente el material metálico que formaba su arma, volviendo su piel nuevamente tan dura como el metal.

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No eres mejor que yo, yo soy peor que tú.

Mensaje por Tifón el Sáb Jun 25, 2011 8:43 am

Su zarpa derecha penetró violenta a través de los ropajes de su sentenciador, arrasando con el filo desgarrador de ésta parte de sus carnes. Tifón clamó de forma gutural en una exaltada muestra de satisfacción, tras haber sido capaz de finalmente dañar a tan estoico contendiente. ¿Pero que fue distinto ésta vez? Definitivamente las características en la fisionomía del extraño no asemejaban en nada a las exhibidas instantes atrás; su peso, su consistencia, sus movimientos, todo parecía totalmente alterado. La segunda estocada falló, empalando un punto vació entre ambos, un golpe letal oportunamente evitado.

Su voraz mirada siguió las acciones de su contendiente, él cual arremetía una vez más con una demoledora ráfaga de disparos procedente de un arma idéntica a la anterior, la cual yacía inutilizada. El terror marino fue impactado por las primeras cuatro balas, incrustándose éstas en la escamosa capa que componía su piel, descansando aún visibles en su torso; una docena de escamas volaron entre ambos guerreros, tras ser desprendidas por el asedio balístico. Solo un arma con una potencia tan inmensa y a tan corta distancia como esa podía herir si quiera el aparente muro impenetrable de la viciosa criatura. Fue ahí cuando observó aquella sonrisa dibujarse en los ojos de su agresor, aquel suave y casi imperceptible matiz de gozo y placer que le ocasionaba accionar su arma contra él. Tifón no esperó el quinto disparo, aquella arma no destacaba por su cadencia de tiros y aprovechó eso para su escape. De un brincó tan inmenso y veloz como con el cual se aproximó al misterioso sujeto al comienzo de la contienda, se elevó por sobre él, pasando por encima de su derribado cuerpo, hacia un muro cercano, trepándolo con gracia irreal, hasta alcanzar el otro lado del mismo y encontrar asilo del fuego enemigo.

-Eres tal cual como te describes- exclamó fuertemente al otro lado de la pared de concreto, con la clara intención de que su aludido le escuchara con total claridad -No eres más que un inmundo verdugo, un miserable y repulsivo verdugo. Una criatura tan repulsiva como la que te has propuesto ajusticiar... ¿Se siente bien, no es así? Cuando jalas el gatillo y acabas la vida de tus escogidos; ese poder... Te ha terminado gustando- se mantuvo un silencio tras aquella sentencia, creando un vació espectral que solo era aunado por el ruido del agua colisionando contra los muelles próximos. Una sutil risa rompió la parsimonia creada en la total calma de la situación, una carcajada burlona y sarcástica, proveniente del oculto mutante; sus pasos comenzaron a escucharse, denotando que se movía por el lugar, el cual conocía a la perfección, peleaba en casa, buscando un refugio mucho mejor que al anterior, pero aún en el área. Su voz volvió a retumbar en aquella soledad -Yo ya le he confesado mis pecados, oh Juez mío... ¿Es usted capaz de hacer lo mismo con los suyos?-. El silencio volvió a reinar por unos momentos, perdiéndose todo rastro del ponzoñoso mutante en el lugar. Los muros eran altos y pesados, la dura y lenta consistencia metálica del mutante perseguidor le podría impedir cualquier desplazamiento rápido a través de éstos, a diferencia de Tifón, el cual además poseía un conocimiento total de cada callejuela y recoveco de la zona.

Entonces volvió a mostrarse en lo alto, glorioso y sanguinario, tomando por el cuello a uno de los inocentes pescadores que seguramente habían tomado refugio en desesperación tras escuchar la balacera que se dio entre los depósitos de carga y almacenes. Su mirada no mostraba signo alguno de compasión o piedad, es más, signos que se plasmaban en los gritos ahogados del hombre que luchaba por sobrevivir, mientras las garras letales del mutante se hundían lentamente en la carne de su traquea. Pero eso no era todo, en su brazo izquierdo llevaba una inmensa arma de guerra, una intimidante metralleta de artillería pesada, de aquellas que se suelen posicionar en el suelo debido a su peso, él la cargaba sin complicación. Él mutante rival había cometido el fatal e inmenso error de, sin conocer, perseguir al temible ser hasta su misma guarida, los muelles de Nueva York, refugio donde no solo pasaba las noches, sino también almacenaba todo el repertorio básico que como mercenario merecía poseer. Otro armamento pesado y variado figuraba entre sus ropajes, como municiones para la colosal arma que portaba. -Aún no deseo decidirme si tu ética es tan o más horrenda que la mía o la de los políticos... asíq ue deseo hacerte una pequeña evaluación y ver que tan repulsiva criatura eres en el fondo. Quizás hasta podríamos llegar a ser amigos... ¿No lo crees?- con una sonrisa grotesca, liberó el cuerpo del pescador, dejándolo caer justamente sobre su rival, con la intención de que éste lo atrapase o lo dejara partirse la columna seguramente con la caída. Tras ésto, Tifón largó a correr raudo entre los tejados a las bodegas cercanas, en dirección al muelle más próximo, donde el agua se encontraba con el concreto de tan industrializada zona, alcanzando el final de tal pasillo, a unos veinte metros de su enemigo, y dejándose caer nuevamente a éste desde los tejados.

Un dato curioso se debe mencionar, sin embargo, respecto al pescador que el inmisericordioso ser arrojó al vacío. Alrededor de su cintura, parcialmente oculto por sus ropajes, llevaba encadenado a sí, un dispositivo fácilmente identificable como un artefacto explosivo, con un temporalizador que contaba inclemente el tiempo hacia un inevitable cero, con lo cual el aparato daba la sensación de que explotaría en mil pedazos... junto con el inocente ser unido a éste. Entonces, desde la distancia, Tifón alzó el arma de fuego pesado, disparando una interminable ráfaga de balas a su objetivo, él hombre que ahora poseía la resistencia del acero. Todo con la intención de hacerlo elegir... ¿Que salvaría esta vez? ¿Su misión y arremetería contra el corrupto mutante o la vida del inocente, uno de por los cuales, según suponía Tifón, emprendía toda esa cruzada de justicia?

"...O también puede ser un mercenario tan maniaco como uno mismo, que le importe una mierda la vida del viejo, y ahí se acabo el clímax..."

Tifón

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Re: Crónica I: El fin no justifica los medios.

Mensaje por The Saint el Dom Jun 26, 2011 1:17 am

De rodillas con los ojos desnudos, viendo como cada bala impactaba en el cuerpo de su rival hasta que este se hubo movido desapareciendo de su campo de visión, Saint simplemente esperaba el golpe final. Uno que no llegó, no en ese momento. La pistola había disparado todo su cargador, desapareciendo algunas balas en el aire por lo que él la lanzó al suelo, sin ánimos de utilizarla otra vez. No perdía la dureza del acero, pero sabía que una vez que eso sucediese, los daños se harían notar en su carne. Daños que ahora no sentía, pero una vez que sus nervios comunicasen a su cerebro el intenso dolor de fracturas y cortes, le demostrarían el sufrimiento en su máximo esplendor. Detrás de un muro de concreto al cual él daba la espalda, la voz soberbia de su oponente se elevó hasta sus oídos, haciendo que Saint voltease con paso pesado, viendo con implacable serenidad hacia un punto vacío a medida que el discurso de su oponente buscaba hacerle ver cosas que él no ignoraba.

-No soy un ángel que viene a dar esperanzas de vida. No soy un hombre bueno, si eso es lo que estas insinuando -

Cada palabra desbordaba en apática muestra de falta de interés, llevada a la frialdad del metal que recorría su piel, como si esta influyese en su animo también. Recordó aquel instante en la iglesia de Irlanda, donde un asesino estaba de cunclillas ante él con el tubo del arma ubicado en el parietal del cráneo. Pudo permitirle la huida y creer en la misericordia omnipotente de Dios. Pero ahí, ante la cruz, con Dios y los testigos de la iglesia, ejecuto "Su" voluntad, destruyendo esa vida, una vida que no merecía seguir en la sociedad. ¿Cual era "su" voluntad? ¿La de Dios o la del Santo? Él no ignoraba nada de eso, nunca lo ignoró.

-Cuando mi mano se cobró la primer vida, cuando su sangre tiñó mi piel supe que no iba a detenerme. Cada uno de ellos merecía lo que les había pasado. Tu mereces la muerte. Y yo también. Soy un ángel teñido con la sangre de mis victimas y con esa sangre iré hacia mi propio juicio -

Cada uno de sus muertos desfiló por su cabeza. Hombres, una cantidad desorbitante de hombres que yacía en el suelo de clubes y bares, o incluso en la cocina de sus propias casas, donde sus hijos volverían y los encontrarían sin vida, ahogados en su propia sangre. Y ahora Saint se encontraba de pie, hablando a un muro de concreto, con la mirada vacía pero sabiendo que era escuchado. Estaba "confesándose" ante un hombre igual de sanguinario que él. El santo y el corrupto. Los dos lados opuestos unidos por una fuerza superior a ellos mismos: La muerte.
El instante de reflexión fue destruido por la turbia acción de su enemigo a muerte, quien con sus manos destructoras levantó a un inocente solamente para probar la temple del justiciero frente a él. Jeremy le siguió sin que esto moviese el más infimo musculo de su rostro dado que la frialdad de su ser influia en sus emociones. El pobre hombre de movía con ansias de salvar su vida, tratando de salvarse de esa guerra en la cual había sido introducido por el sadismo de quien le sostenia por la garganta.

-Dejalo ir. Tu guerra es conmigo-

No hubo emoción en su frase, pero está resonó como el rugido de un león. El pescador fue lanzado al suelo , sabiendo que Saint podía dejarlo caer, pero en un movimiento de su pierna, apoyando todo el peso de su cuerpo en ésta, extendió los brazos para sujetar a la victima. Lo levantó como si se tratase de un muñeco, tomandolo por la cintura. En el apoyo de la palma siniestra en la espalda baja de aquel, la dureza debajo de sus ropas al tacto hizo que las sospechas del justicieron aflorasen sin demora. Levantó sus ropas de un tirón, destajandolas en hebras y se encontró con un dispositivo que a simple vista parecía una bomba. Maldito hijo de puta. No le importaba la vida de ese hombre inocente, sino que solamente quería tenderle una trampa a su enemigo, sabiendolo vencido ante él. El mutante bajó a la tierra de un salto y se encontró de nuevo cara a cara con el heroe, quien con la fuerza de su brazo flexionó el codo y lanzó ese dispositivo hacia su enemigo, girandose sin pensar un solo instante para abrir sus brazos de forma que estos cubriesen el cuerpo de asustado pescador. Un escudo de metal en el cual impactaban las balas de esa arma de guerra que disparaba una ráfaga de balas que rebotaban sobre la espalda, rompiendo la gabardina que vestía así como todo a su alrededor. Ante el silencio que siguió de aquel estridente momento, Saint comenzó a recuperar el tono gris de sus ojos, a la vez que sus manos empezaron a temblar espasmodicamente. ¿Que había pasado? Su mano diestra se al lanzarse a cubrir a ese humano, se posó de lleno sobre la piel desnuda de su espalda, a la cual él mismo había quitado las ropas para sacarle la bomba. La absorción fue paulatina, mostrándose el efecto luego de que la ultima bala impactase sobre él. De sus labios un hilo de sangre delineó su rostro de mármol y su mano herida por el rodillazo de Tifon y el posterior zarpaso se empezó a ver de un color morado intenso. Todo el cuerpo del Santo temblaba manteniendo él la postura arrodillada sobre el humano, quien lo veía sin entender nada de lo que estaba sucediendo.
"-Ahora vas a recibirme. No quiero a los pobres o a los hambrientos. No quiero a los cansados o a los enfermos. ¡Solo reclamo a los corruptos!. Es su maldad la que yo buscaré. Con cada latido, les daré caza. ¡Cada día derramaré su sangre hasta que esta llueva del cielo! ¡No mataras, no violarás, no robaras! Esos son los principios que todo hombre de fe debe aceptar. No son sugerencias de urbanismo, son reglas de comportamiento ¡Todo el que las ignore pagara un precio muy alto!-"En su pensamiento sus propias palabras resonaron, mientras veía a los ojos al hombre frente a él, aterrado, asustado pero sus pupilas parecían perdidas en un recuerdo que se abría como una epifanía.

-"Seré pastor, por ti señor, por ti. En el poder extendido de tu mano, mis pies ejecutarán rápidamente tus órdenes. Haré manar un río hacía ti para reunir a todas tus almas."-

Cada palabra emergía de su garganta mientras la sangre brotaba de su boca tiñendo sus dientes perfectamente blancos en el color de la muerte agónica. Los músculos de su espalda se tensaron como su fuesen presionados por brazos invisibles y levantó la mirada a los cielos arqueando su espalda en un gemido doloroso.

-¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhgggggg! -

El intenso dolor fue tal que bloqueó todos los demás sedando el cuerpo y los nervios de Jeremy, haciendo que todo se viese tan blanco como la luz intensa del sol penetrando en sus pupilas hasta contraerlas por completo. Su rostro se dejó caer hacia adelante, cerrando sus párpados pesadamente de forma que los faroles de visión se vieron eclipsados por la piel, a la vez que su torso caía pesadamente hacia adelante, de forma que su cabeza chocase contra el suelo, liberando una bocanada de sangre de su boca entreabierta que tiñó el suelo bajo sus pies. Vida por vida, vida por muerte. Con la vida de los inocentes que salvaba del final, el Santo limpiaba un camino de sangre. Había entregado su vida a la justicia y bajo su propia ley, está le había abandonado. Dios envió a un ángel para destruir a los impíos, atacando con puño de hierro a los pecadores y, de la misma forma que un paño blanco que se ensucia al limpiar el polvo, el santo había sido manchado por la sangre de sus muertos. Un ángel de alas negras, un ángel exterminador que volvía a los dominios celestes, luego de redimir su alma con su propia sangre.

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Cuando la muerte es el vínculo a la vida.

Mensaje por Tifón el Dom Jun 26, 2011 7:02 pm

"Iluso cretino... así que has decidido morir. Tch..."

El tiroteo fue inclemente contra su adversario, bala tras bala percutían en la rígida composición metálica de su espalda, generando un ruido ensordecedor al rebotar contra la misma. Por cada proyectil que era liberado, Tifón parecía presionar el gatillo con más fuerza y angustia, elevando así un grito casi tan estridente como el bullicio infernal que colmaba el lugar. Solo algunas vagas emociones bullían dentro de él, casi perdidas en la ejecución del acto, como un caldero herviente de descontrol y frustración. Ese maldito fanático... ¿Se creía tan listo como para poder dar esa clase de discurso? ¿Pensaba acaso que podía admitir tan abiertamente ante un individuo él ese tipo de revelaciones? No era más que un engreído, otro demente más entre las filas de lunáticos que abarrotaban el mundo y, sin embargo, de la forma más despreciable de todas, era de los más cuerdos que la criatura había conocido en toda su miserable extensión de vida.

No le bastó con colmar su paciencia con esas palabras, adhiriendo dolor en la herida, antes de recibir la lluvia de fuego, como un mártir de postura entregada a su destino, había decidido salvar la vida del inocente, aun por sobre la propia, y arrojar el dispositivo temporalizado contra el inhumano ser que había creado tal situación. El aparato impactó en el pecho de Tifón, rebotando contra su talle como si de un juguete se tratase, cayendo así a sus pies. La bestia marina no se detuvo, continuó su asedio, el reloj llegó a cero y nada ocurrió. Una trampa, una emboscada, una ilusión entre desalmados, nada más que eso representaba aquel dispositivo, él cual simplemente se apagó y detuvo su funcionamiento, así como la amenaza ficticia que representaba.

El agresor se despojó de su armamento, dejándolo caer sin cuidado a un costado de él, máquina aún humeante que cobraba otra vida más, manchando una vez más con sangre las aguas del mundo. Tifón se acercó a paso cauto hacia la efigie mancillada de su abatido contendiente, escuchando las últimas palabras que éste menciono, finalizadas por un abrupto quejido de dolor que pareció arrancarle el alma. -...Y cuando digas: Me encuentro cansado; Él te dirá: Yo te daré descanso-. Cogió al agonizante por sus albos cabellos, volteándose una vez más en dirección a los muelles, arrastrándolo consigo por los ásperos terrenos del muelle; ahora su cuerpo era ligero, más no causaba sorpresa en aquel que alguna vez persiguió. Un mutante muerto regresa a su estado natural, la esencia misma de su naturaleza humana a la hora de su muerte, tal como ocurría en aquellos momentos a ambos. Pues Tifón, aún habiendo resultado victorioso del fatal encuentro, sentía que una parte más de él moría con tal asesinado... como venía ocurriendole hacía ya tantas mareas atrás.

"Hmph... Si que has resultado ser un sujeto desagradable". Pensamientos fluían a través de su ser, a medida que alzaba el cuerpo de El Santo por sobre y al frente de él, observándolo con una clase de respeto que solo podría ser comprendido por un puñado de individuos, aquellos que han estado inmersos en guerras tan profundas y terribles que en vida jamás han conocido la misma, a los cuales la muerte ha sido la cuna en la cual fueron criados y, desde aquel punto, su vida se erigió en la misma. "No diré que te he conocido, tampoco que no lo hice. Mas el vínculo que compartimos no se dio en el tiempo que nos encontramos en vida, no... se ha estado formando en todos aquellos años de muerte en que jamás supimos de nuestra existencia. Extinguete ahora, Ángel caído" Un último acto propició en aquella ceremonia fúnebre, empalando el vientre de su rival con la zarpa derecha, una clase de ajusticiamiento que, en otrora, era propiciado entre guerreros que se habían reconocido como nobles; también evitando así que el cuerpo de éste pudiese retener cualquier ínfima cantidad de aire en su interior. Acto seguido, lo liberó sin darle la mirada en las aguas ajetreadas del puerto de Nueva York, sepultando su cadáver con las mismas. Perdiéndose todo rastro de la corporeidad de aquel devoto seguidor de su credo, uno tan extremo como honesto, cosa que al mundo le resultaba grotescamente necesario.

Tifón recogió sus cosas, ese ya no era lugar seguro, podía sentir las balizas de la policía en la distancia aproximándose raudas, cargándose con todo lo esencial que pudo rescatar de su carente hogar. Pero antes volvió a un lugar especial, no podía marcharse sin recoger una última cosa de ahí. Volvió a encontrarse con el atemorizado pescador que había usado como señuelo antes, aún paralizado y profundamente perturbado por todo lo ocurrido, seguía en el suelo, orinado y tembloroso. Tifón se acercó hacia éste, arrodillándose a su lado, el hombre volvió a gritar, clamando por su vida y misericordia, pero el mutante solo le entregó una mirada frívola por el rabillo de su ojo; el sujeto calló. Recogió ambas Desert Eagle, motivo de su retorno al callejón, una en perfectas condiciones y otra totalmente inoperable, guardándolas en su saco y, volviéndose una vez más hacia el anciano, le sonrió, provocando una vez más un grito del hombre que cerró sus ojos en pánico. Pero nada ocurrió, para cuando volvió a abrirlos, el mutante ya no se encontraba ahí, ni rastro alguno de su presencia, solo un pesado maletín en reemplazo de su cuerpo. Un maletín que dentro tenía una nota que decía: "Por los inconvenientes" y, ah si, medio millón de dólares.
Spoiler:
El placer ha sido totalmente mio, amigo.

Tifón

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Re: Crónica I: El fin no justifica los medios.

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