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Vincent Dieudonne

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Vincent Dieudonne

Mensaje por Vincent Dieudonne el Lun Jun 06, 2011 4:18 pm

Nombre: Vincent Dieudonne
País de origen: París, Francia.
Alias: Le Faucheur, The Reaper, El Segador.
Edad: 25 años.
Oficio: Artista/Aristócrata.

Biografía:

Mansión Dieudonne, Nueva Orleans: 24 de Diciembre del año pasado, más allá de la media noche.

La melodía mencionada:
Spoiler:

La lluvia de primavera saturaba la calle, golpeando cada una de las ventanas de la mansión, creando cortinas de agua como hilillos de luz entre la vacía oscuridad. De nuevo, el llanto del joven señor Vincent se hizo presente en medio de la noche, perdido entre un mar de emociones que se percibían en la melodía de su órgano. Era la misma melodía solitaria de las últimas noches, alzándose sobre la distancia del salón de música para llegar hasta mi habitación. Volví a sentir miedo ¿Qué clase de alma podía componer algo tan bellamente aterrador? Como una nota emitida por los ángeles caídos, sin embargo, sentía al mismo tiempo un éxtasis provocado por el insano concierto. Era como si mi espíritu pudiera saborear la gloria de algún rito oscuro.

Mi mente estaba demasiado despierta para volver a dormir, así que salí de mi habitación y baje las altas escaleras del interior del palacio hasta el salón comedor, sirviéndome un poco del vino que había sobrado de la cena del señor. Ahí mire el mismo retrato de siempre. Una joven mujer que nunca supe quién era. Una señorita de belleza muy distinguida, y unos particulares ojos grandes y azules, destilando ira y rabia. Era una sensación extraña estar ante tal obra de arte… el señor siempre pasaba horas admirando ese mismo retrato.- Lady Rebeca, no sabéis quién es ella ¿Cierto? – La voz de Francis, el mayordomo del señor, vino a sobresaltarme. Debía de tener más sueño de lo que pensé, porque no lo sentí llegar.- Aquí hay demasiados fantasmas, pero no sabía que tú eras uno de ellos Francis.- Francis apenas y sonrió, antes de volver su pálido rostro hacia mí y observarme con esa expresión ausente que nunca le abandonaba.-Así que el señor se encerró de nuevo, eh, Nicolás.-
Así parece Francis, acudió de nuevo a tocar ese órgano maldito que le tiene hechizado.- Dije, ya había terminado mi trago y estaba dispuesto a volver a la cama en ese momento, pero el retrato de Lady Rebeca (como había llamado Francis al cuadro), me tenia medio hipnotizado. -¿Quién era ella Francis? – Pregunté, tal vez imprudentemente.- Ella es la razón por la que el joven señor toca todas las noches.- En ese momento no podía creer lo que veía, el rostro parco de Francis denotaba una clara tristeza. Deduje que el señor la había conocido en París, y recordé que el propio Francis me había contado acerca de una amada muy especial que tuvo el señor - ¿Murió? – Fue lo primero que imagine ¿Era por eso que el joven amo tocaba todas las noches su triste melodía? No… ella no murió, solo, conoció el secreto de mi joven señor y se fue. Nunca más volvimos a saber de ella.- Me quede mudo con esa respuesta. Era cierto que el señor Vincent era un hombre muy particular, solitario y con cierto aire maquiavélico, pero no parecía ser exactamente una mala persona. Para ser un legítimo heredero francés, trataba con respeto a toda la servidumbre de la mansión.

Retrato de Lady Rebeca:
Spoiler:

Sí alguna vez el joven señor amo a alguien, esa persona fue Lady Rebeca. Es una historia larga y con un final muy triste.- La voz de Francis se desvaneció de repente, y se aparto rápidamente de mí. Sentí en la cercanía una convulsión de energía, como si la presencia de un demonio se hubiera parado atrás de mí. La copa cayo de mi mano mientras miraba al hombre que se había unido a nuestra conversación.- Sí alguien va a contar esa historia a Nicolás, seré yo mismo Francis.-Dijo el amo con una voz autoritaria. Sentí una tremenda necesidad por salir de esa habitación, pero no me atreví, aunque quería alejarme, mis piernas no me respondieron.- Procura sosegarte Nicolás, lo que te voy a contar no pienso volver a repetírtelo, y tu tampoco puedes contárselo a nadie más porque el relato me pertenece solo a mí.- Asentí, valiéndome de la confianza repentina para saciar mis dudas. Entonces el señor comenzó a relatarme su historia con Lady Rebeca:

“Una noche de otoño fui invitado a una congregación en París, una celebración organizada una vez al año en honor a los Habsburgo. Ávidos por congraciarse con tan ilustre figura, los nobles reunidos ataviaban sus galas más suntuosas, haciendo alarde de las inmensas riquezas que poseían. Aunque solo un puñado de los ahí reunidos tenían más fortunas que las heredadas por mi padre. Recuerdo que en el transcurso de aquella noche me aburría de sobremanera, cualquiera pensaría que la gente pudiente de la alta sociedad seria también igual de culta, pero para mi desgracia, la gran mayoría de la gente ahí reunida solo sabía hablar de sí misma y sus antepasados, atándose a la gloria ancestral. Sin que nadie se diera cuenta, me fui alejando poco a poco del gran salón, abriéndome paso entre la gente hasta los amplios jardines.

La noche plutoniana ofrendaba un paisaje pintoresco, que se volvió mucho más exquisito en el momento que pude divisar una solitaria figura que también se paseaba silenciosamente por los jardines. Una jovial doncella de cabello negro que destellaba con halitos blanquecinos, sesgados sobre su figura por el brillo de la luna llena. Me sentí atraído por su perturbadora belleza. La musa venusina llevaba puesto un vestido de terciopelo nacrado sin mangas, sus brazos daban la impresión de poseer una piel deliciosamente suave que cualquier hombre se moriría por besar, y a través de su delicada figura se ceñían unos guantes de seda blancos que ascendían poco más arriba de sus codos. Me acerque a ella sin hacer el más mínimo ruido, y mientras lo hacia el pecho comenzó arderme y yo me preguntaba: ¿Era acaso la sensación del amor a primera vista?

Bonne nuit, mademoiselle.- La salude, intentando no parecer demasiado interesado en su presencia. Ella volvió su mirada hacia mí en ese momento, regalándome la oportunidad de develar el color de sus luceros. Todo se detuvo por un segundo. Sus ojos eran de un brillante tornasol que empalidecían los colores del mundo, otorgándome una nueva visión sobre la vida. Sí, definitivamente eso era amor a primera vista, y yo ya estaba a su pies sin siquiera conocerla.

A la hermosa damisela le brillaban los ojos, y me admiraba con tal vehemencia y devoción, que me hacía sentir incomodo, juraría que esa era el mismo fervor con que los parroquianos miraban al emperador Hohenstaufen durante los tiempos del primer Reich. -Buenas noches.- Me respondió ella al cabo de unos segundos.- Monseñor, que honor encontrarme con el hijo del Duque Antoni.- Me sentí un poco abrumado por aquella consideración hacia mi postura aristocrática. Me quede sin habla durante algunos segundos, intente recordar un nombre para un rostro tan angelical. Todos venían engalanados para la ocasión, pero ella destacaba sobre todos los invitados de la asamblea. Una voz sonó en el interior de mi cabeza, diciéndome el nombre de tan bella criatura: “La hija del conde de Borgoña, Rebeca Dómine”. -El honor es mío, mademoiselle Rebeca.- La tome de la mano, y con la reverencia que se merece una reina, me incline y bese suavemente la sortija de rubí que llevaba puesta.

Ven, acompáñame.- Me dijo, y salimos a dar un paseo por la inmensa calzada que rodeaba el jardín, echando un vistazo al pequeño estanque cristalino en medio de la gran pradera. Sobre sus aguas platinadas, que reflejaban la hermosa luna llena de esa noche, se deslizaban suavemente los albos cisnes que aún no levantaban su vuelo hacia las riveras más cálidas del sur. Sí alguna vez he sido feliz, fue en ese momento tan reservado. Comenzamos a charlar sobre la vida, y la confianza que nos transmitimos fue tan sublime, que sin darme cuenta comenzamos a contarnos nuestras insatisfacciones y nuestros más secretos anhelos. La noche se volvió delgada, las palabras volaron y contaban mil cosas, creo que estuvimos más de tres horas paseando por el jardín, sin hacer otra cosa que conversar. Su presencia derramo el cariño que tanta falta me había hecho, porque como recordaras, a excepción de Francis, crecí huérfano y solo. Al final de la velada, cuando la acompañe hasta su limousine, me preguntó - ¿Querrás continuar nuestra conversación mañana por la noche?
Llego el día siguiente y volvimos a vernos, aunque habíamos quedado por la noche, yo no soporte tantas horas, y antes del medio día estaba fuera de su mansión solicitando audiencia con la joven hija del conde. Su aspecto no perdía nada a la luz del día, era indudablemente la criatura más bella que jamás hubiera conocido. No sé como sucedió, pero al término de aquella segunda noche, Rebeca y yo estábamos en medio de un largo viaje que nos llevaría a visitar los lugares más hermosos e históricos de Europa. Gradualmente nuestra relación se puso cada vez más animosa. Era la primera vez en mi vida que me enamoraba de alguien, pero podía jactarme de que lo hacía con una intensidad que muy pocas personas, a lo largo de toda la historia de la humanidad, lo han hecho, y mí amada Rebeca parecía corresponderme con la misma devoción.

Cierta tarde, mientras estábamos sentados bajo los árboles en un parque de Praga, todo se desvaneció. Fui demasiado imprudente en aquella ocasión, y no me di cuenta de la llegada exacta del anochecer. Estábamos demasiado absortos el uno con el otro, abrazándonos y besándonos durante horas que se pasaban como minutos. Rara vez nos había dado la noche en un parque, tal vez tres o cuatro veces durante todo el tiempo en que estuvimos de viaje, y nada nos había sucedido, lo que creó en nosotros una falsa idea de seguridad. No me di cuenta en qué momento la figura de un vagabundo se había acercado a nosotros. Era la figura de un jorobado, con los rasgos agudos y secos que regularmente acompañan a esta deformidad. Tenía muy poco cabello, pero una prominente barba puntiaguda, y sonreía de oreja a oreja, mostrando sus dientes mal olientes y amarillentos. – Es casi una pena tener que molestar a una pareja tan encantadora, pero la suerte no quiso estar con ustedes y tengo una familia que mantener.- Nos amenazó, sacando un viejo revolver de su saco. El rostro de mi acompañante, demasiado expresivo, no estuvo exento de su virtud en esa ocasión, dibujando un gesto de miedo tan delator, que me empujo instintivamente a ponerme enfrente de ella como un escudo. Al cabo de un instante, había dado todo lo que tenía a nuestro asaltante, pero este no parecía estar conforme y exigía más, mirando con ojos obscenos los pechos de Rebeca. – Te he dado cuanto podía darte, ahora márchate.- Le exigí, pero el hombre no quitaba su mirada de encima de ella. – No, no me has dado todo cuanto tienes aún… ¿Qué hay de ella? –Sus solas insinuaciones me enfurecieron, nublando mi razón hasta el punto de ignorar las consecuencias de mis actos. Lo golpe, golpe al pequeño jorobado, torciéndole el cuello.

Obviamente esto desato la furia de nuestro ladrón, que sin contemplación alguna por la vida de otro, me disparo incontables veces. De aquello, lo único verdaderamente molesto fue el grito ensordecedor de Rebeca. Seguramente pensó que estaba herido o muerto… yo mismo habría pensando lo mismo de estar en su lugar, pero no fue así. Me quede estupefacto de que mi cuerpo gozara de un tizón revitalizador. Ninguna de las balas había penetrado por mi piel, sin embargo si habían tenido un efecto que solo puede describir como delicioso. Me sentí vigorizado y tan lleno de energía. -¡Monstruo! ¡Mutante! – Me gritó el despreciable tirador, que se había quedado sin una sola bala más para amenazarme. Renovado como un hombre fuerte y energético, volví a propinar un golpe sobre el malhechor. Mis intenciones nunca habían sido matarlo, pero apenas mi puño tuvo contacto con su rostro, le arranque la quijada de tajo, ocasionando que el pobre hombre cayera al piso victima de endemoniadas convulsiones. Debido a la naturaleza de su herida mortal ni siquiera fue capaz de gritar, solo emitió irritantes gemidos que al cabo de unos segundos se terminaron, expirando el último aliento del hombre.

Mo-monstruo- Susurró ella, pasmada y llena de lagrimas, midiendo perfectamente las palabras. El corazón aun me latía lleno de violencia cuando me quise acercar a ella- Rebeca ¿Estás bien? – Pregunte, pero cuando quise agarrarla de la mano, ella retrocedió torpemente hasta caer el piso; arrastrándose de espaldas por la hierba e interponer cada vez más distancia. Gritó pidiendo ayuda un par de veces.- ¡Vete por favor! – Me suplicó ¿Las cosas eran así? Me estaba abandonando. – No puedo… tú lo sabes.- Dije, arrodillándome. De repente era yo quién le suplicaba a ella, lleno de lagrimas, me resultaba imposible creer lo que ella me estaba pidiendo, así como era imposible para ella seguir amándome después de ver lo que realmente soy; un mutante. – Vete Vincent.- Insistió ella, un poco más tranquila, pero llorando todavía por todo lo sucedido. Rebeca ya no podía amarme, realmente ya no quería nada de mí, solo que me fuese… que me perdiese en la noche. Salí corriendo por el parque, adentrándome a la oscuridad de la ciudad… a partir de esa noche, no volví a saber nada más de ella.”

Oí el relato del joven amo, y cuando este finalizó, todos guardamos silencio durante un largo rato. – Es demasiado tarde, vayan a dormir.- Se disculpo el señor, retirándose de la mesa dejándonos solos a Francis y a mí. Francis, que había estado de pie durante toda la conversación, se sentó al otro lado de la mesa, en frente de mí. Hartó del incomodo silencio, le pregunte - ¿Por qué el joven Vincent me ha confesado su historia, y su naturaleza mutante? – Me fije que Francis sonrió de una manera medio socarrona. Estaba confundido. – Eso solo ha sido porque tú también eres un mutante. De otro modo, no estarías trabajando en esta mansión- Dijo con su miserable semblante inexpresivo. Inmediatamente me sentí mareado y más desconcertado que nunca durante toda la noche. - ¿Tú… tú como lo sabes? – Reclame.- También soy mutante Nicolás ¿Sorprendido? No deberías estarlo… todos en esta mansión son mutantes, aunque ocultan su naturaleza los unos de los otros, fingiendo ser personas normales- Aunque quise levantarme y salir de ahí, finalmente me quede sentado en mi lugar, como atontado por toda la nueva información. Por fin comprendía los motivos que obligaban al joven señor a tocar la misma melodía durante todas las noches.

Descripción Física: Es uno de los personajes más distinguidos de la alta sociedad internacional. Destaca no solo por su carácter indolente, sino también por su belleza adónica, descrita por muchos como una bendición. Su rostro, igual a la porcelana, está totalmente libre de cualquier imperfección. Su molde es el de una figura griega; torneado, pero sin llegar a lo corpulento. Alto, pero sin exagerar. Sus ojos ardientes, expresan la misma ambigüedad de su carácter indolente, mirando a todo y a todos con una fría indiferencia.

Descripción Psicológica. Siempre elegante, parece estar más allá de la comprensión de hombres o mujeres. Explicar su comportamiento es una tarea compleja para cualquier psicoanalista, pues recae en la ambigüedad de su propia naturaleza aristocrática. En un primer plano, la educación y la diplomacia le caracterizan como un ser sociable, pero al mismo tiempo ajeno e inalcanzable. Siempre frio y distante de personas o situaciones que no están dentro de su interés. Parece conservar la calma ante cualquier tipo de situación, y difícilmente se muestra irritado en público; ni siquiera se permite expresar sentimiento o emoción alguna. Esto no quiere decir que esté realmente exento de emociones, muy en el fondo está lleno de furia y tristeza, sensaciones que sobre lleva tocando el órgano.

Poderes Mutantes:

Absorción de Energía Cinética: Vincent Dieudonne es un mutante con la capacidad sobrehumana para absorber todo tipo de energía cinética y convertirla en un metabolizador. Esto le otorga una aterradora invulnerabilidad física casi perfecta. En otras palabras, el cuerpo de Vincent es como una esponja que absorbe la energía de cualquier tipo de ataque, no solo de golpes, sino también todo tipo de proyectiles, bombas, energía eléctrica y algunas cuantas clases de radiación nuclear. Esta energía absorbida por ataques enemigos es reutilizada para aumentar su fuerza física o velocidad. También puede ser empleada en un auto-sustento, es decir que mientras Vincent tenga energía almacenada, no necesita comer y dormir por determinado tiempo. Los apartados de su poder son principalmente los siguientes:

Un alto grado de Invulnerabilidad Física: Cuando un puñetazo, una patada o un proyectil tienen contacto con el cuerpo de Vincent, estos pierden de forma instantánea toda la fuerza y velocidad. Físicamente hablando para que un cuerpo tenga efecto sobre otro (ya sea para moverlo o atravesarlo) necesita producir un trabajo, para ello, debe generarse una fuerza de masa y velocidad (energía cinética) entre más velocidad genera el cuerpo, mayor es la fuerza cinética y también es mayor el trabajo final, al absorber la fuerza cinética, Vincent le quita toda su potencia a un ataque físico. Los puñetazos, las balas, los proyectiles, las bombas y las cuchillas no generar ningún tipo de daño en el cuerpo de este mutante.

Absorción de Energías: Su cuerpo (tal como Sebastian Shaw) es capaz de absorber diferentes tipos de energía con el fin de aumentar temporalmente sus atributos físicos. Puede absorver la energía de barras nucleares (como se vio en First Class) para obtener una fuerza similar a los mutantes de clase 100 (es decir, que pueden levantar por encima de 100 toneladas de peso). Puede absorber también energía eléctrica y calorífica.

Fuerza y Velocidad Sobre Humana: La fuerza y velocidad de Vincent depende en gran medida a la energía obtenida durante un combate. Sin embargo, se encarga de mantener un almacenaje constante que le permita tener en todo momento una fuerza sobrehumana que exceda las 10 toneladas de peso y le permita correr tan rápido como un deportivo.

Habilidades:Es un aclamado artista del mundo de la música, considerado un genio del piano y el órgano. Tiene constantes presentaciones en todo lo ancho del mundo. También fue campeón olímpico de esgrima, y un excelente peleador innato con nociones básicas de combate mano a mano.

Limitaciones: Aunque Vincent parece un tanque en todos los sentidos, tiene un límite no definido de almacenamiento. Sí absorbe más energía de la que su cuerpo puede soportar, su corazón colapsa entrando en un paro cardiaco, esto regularmente pasa sí entabla pelea con mutantes de nivel de fuerza clase 100 (Juggernaut, Coloso, Strong Guy, etc, etc.) de entablar pelea con ellos, debe liberar la energía absorvida en menos de 90 segundos o su corazón se detiene. También es especialmente sensible a la telepatía y la telequinesis (La telequinesis es una fuerza invisible y teóricamente inmaterial, al igual que el electromagnetismo, y no tiene manera de absorber los golpes generados por este tipo de energía.)

Anexos: Carga siempre consigo una pequeña medalla con forma de corazón, esta medalla es realmente una pequeña caja de música comprada en Praga, originalmente eran dos, una de ellas se quedo con Rebeca. La música de la caja es la siguiente:
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Vincent Dieudonne

Mensajes : 9
Fecha de inscripción : 06/06/2011

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Re: Vincent Dieudonne

Mensaje por Moderador 1 el Lun Jun 06, 2011 10:44 pm

Primeramente, quiero felicitarte. Una ficha hermosa y muc completa. Un personaje fascinante.
Bienvenido. Puedes empezar a jugar.

Moderador 1

Mensajes : 230
Fecha de inscripción : 02/04/2011

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