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Ira Divina

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Ira Divina

Mensaje por Kairos el Lun Sep 12, 2011 10:45 pm

Una increíble tormenta azotaba el centro de la isla. Un viento devastador arrancaba los árboles de raíz y movía incluso las rocas de las colinas, mientras los rayos caían una y otra vez, provocando poderosas explosiones e incendios que eran rápidamente apagados por la torrencial lluvia. En un radio de un kilómetro desde el centro de la isla, todo era tormenta y devastación. El viento parecía arrastrar consigo rugidos de dolor, redoblados por los continuos truenos y el estruendo de la lluvia. En el centro de toda aquella desolación, arrodillado en el barro, un joven rugía y gritaba de dolor. El dorado brillo de su armadura estaba opacado por manchas de sangre y ceniza, por el barro del suelo. Su larga y plateada melena aparecía completamente empapada por la lluvia, cayendo lacia alrededor de su rostro. Sus ojos, de un azul profundo, estaban anegados en lágrimas. Sólo la armadura y el color de su pelo permitían en ese momento, a quien lo conociese, reconocer al indomable y orgulloso Kairos, el poderoso y joven Dios del Rayo de aquella Isla sin nombre, temido, respetado y reverenciado por todos. No quedaba prácticamente nada de aquel joven confiado, valiente y seguro de sí mismo que había sido. Su orgullo había sido destrozado, aniquilado y quemado hasta volverse cenizas, al igual que la aldea donde se había criado y sus habitantes. Un rugido de dolor salió de su garganta. No había podido proteger a todas aquellas personas, que lo habían respetado, que lo habían mimado y consentido, que le habían ayudado a ser quien era, que habían depositado su fe y sus esperanzas en él. Su único cometido como Dios de las Tormentas era cuidar de aquellas personas que confiaban en su protección, no fallarles jamás. Aquel era su deber y su orgullo. Y no había podido defenderlo. Kairos alzó el rostro al cielo, desafiante, aullando un reto a sus propios dioses.

- ¡ZEUS! ¡Si querías probarme, no tenías por qué acabar con las vidas de los mortales que estaban bajo mi custodia! ¡¿Quieres probar mi fuerza?! ¡PUES BAJA AQUÍ Y ENFRÉNTATE A MÍ, CARA A CARA! ¡VAMOS! ¡TE DEMOSTRARÉ QUIÉN ES EL VERDADERO DIOS DEL RAYO, MALDITO! ¡¿Por qué tuviste que acabar con el viejo?! Galarian... Lythos... Albafika... ¿por qué tuviste que matarlos? ¿Por qué...? -la voz del joven hijo de la tormenta se quebró, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Su dolor era infinito, le traspasaba el alma y el corazón como si fuese la lanza de la guerra de Ares. La ira que aquellos hombres, que más bien eran demonios con aspecto humano, habían suscitado ya había desaparecido. Aquel alarde de furia había arrasado el centro de la isla, donde se encontraba el único poblado de la misma, matando a todos aquellos hombres, que a su vez habían masacrado a todas las personas que allí vivían. Ninguno escapó a la divina ira de Kairos: los vientos los despedazaron y los rayos los convirtieron en cenizas. No tuvo piedad con ninguno de ellos: merecían morir, y él ejecutó la sentencia.

Sin embargo, aquella venganza no había paliado su dolor. Sentía un enorme vacío en el interior de su pecho, como si alguien le hubiese arrancado el corazón y hubiese dejado la herida abierta, sangrante. Kairos se abrazó el pecho con los brazos, como intentando mantener unidos su cuerpo y su alma. El joven dios lloró amargamente, por su abuelo muerto, por sus amigos perdidos, por su pueblo masacrado sin darle ni siquiera la oportunidad de defenderlos. Poco a poco, el viento amainaba, los rayos dejaban de caer y la lluvia se convertía en una fina llovizna que continuaba empapando su pelo, su rostro y su armadura, limpiando poco a poco los restos de sangre y barro de la misma. No le quedaba nada ni nadie en el mundo. Nadie a quien proteger o con quien vivir, nada por lo que luchar...

Kairos

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Re: Ira Divina

Mensaje por Martenoth el Miér Sep 14, 2011 5:08 am

Hacía un tiempo que había regresado a mi amada Grecia, había pasado tanto tiempo desde la última vez que había estado aquí, tantos años. Lo reconocía, yo tambien cedía a sentimientos como la añoranza, pero, ¿tenía algo de malo querer regresar al lugar donde uno nació? Por lo visto si, ya que uno se puede llevar una decepción, Grecia ya no era lo mismo que antes, ahora estaba corrompida, consumida por el hambre de dinero de los humanos, pero por lo menos habían conservado los monumentos antiguos en los que me pasaba casi todo el tiempo, recordando mi juventud, una juventud perteneciente a tiempos que no regresarían.

Estuve varios días y pronto comencé a moverme por más sitios que por Atenas, me moví por toda la península e incluso viajé a las islas, hasta que me encontré con algo que me llamó mucho la atención, desde una isla pude ver una nube de tormenta en el horizonte, pero muy pocas en un área muy pequeña, como si la tormenta estuviese concentrada en un solo punto. Fruncí el ceño, extrañado, o una de dos: o un mutante estaba haciendo de las suyas o una entidad divina había bajado a la Tierra. Decidí ir a comprobarlo por lo que fui a saltos teletransportándome hasta alli.

Me moví entre la tormenta con esfuerzo, es cierto, pero lo conseguía gracias a mi fuerza y mi aguante fisicos que me permitían resistir el viento de forma casi imperturbable. Pero finalmente los vientos amainaron y la tormenta se convirtió en una llovizma, y entonces lo vi, en el centro de la isla, un joven de largos cabellos plateados y armadura dorada, tirado, gritando y sollozando. No haía que ser muy listo para saber que fue él el causante de esto... si, podía sentirlo, notaba su ira, su tristeza, su soledad... pero no era un ente malvado. Me acerqué a él, no sé porque hice lo que hice, pero sabía que tenía que hacerlo.

-Los dioses nunca escuchan muchacho, lo sé por experiencia. ¿Que ha pasado aqui?

Todo esto lo dije en un Griego perfecto, no en vano era mi lengua natal, pero no lo dije en el Griego actual, si no que mi acento era claramente Griego antiguo.

Martenoth

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Re: Ira Divina

Mensaje por Kairos el Miér Sep 14, 2011 8:50 am

A pesar de aquel dolor que le traspasaba el alma, el joven hijo del rayo acabó por calmarse, agotadas ya sus lágrimas, enfriada su ira. Sintió la "voz" del viento y de la lluvia alertarle de la presencia de otra persona en la isla, poco antes de escuchar las palabras de Martenoth. Como movido por un resorte, Kairos se incorporó rápidamente, clavando sus ojos de intenso color celeste en el recién llegado. En su rostro aún se podían ver las huellas de las lágrimas, pero su expresión era firme y resuelta, mostrando una determinación tan poderosa como el rayo de tormenta.

- ¿Quién eres? ¿Y qué haces aquí? Responde -ordenó el Dios del Rayo, en tono perentorio.

En su rostro se podía ver la desconfianza hacia el recién llegado. Si estaba relacionado con aquellos hombres... no tendría piedad con él tampoco: utilizaría sus poderes y lo destruiría, sin mostrar piedad. Las nubes sobre la isla comenzaron a arremolinarse, mientras el ambiente se cargaba de electricidad y unas ligeras chispas comenzaban a saltar en la armadura del joven dios.

Kairos

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Re: Ira Divina

Mensaje por Martenoth el Miér Sep 14, 2011 11:11 am

Sonreí de medio lado y di un par de pasos a su alrededor, examinandolo minuciosamente, era una buena armadura la que llevaba puesta, ¿estaría hecha de oro? no, aunque fuese dorada no parecía oro, lo cierto esque sería un desperdicio hacer una armadura de oro, es un metal demasiado blando... y atrae demasiado bien la electricidad aunque en el caso de este muchacho no creía que eso fuese un problema.

-Me llamo Martenoth, joven, y estoy aqui porque he decidido visitar el lugar donde nací, un lugar que antaño fue un basto imperio y que ahora se ha reducido a nada. No, no nací en esta isla en concreto, de hecho soy de Atenas, pero cuando uno ve unas nubes de tormenta tan cocnentradas en un punto... siente curiosidad.

Me rasqué la cabeza y clavé en él una mirada penetrante, lo cierto esque por como se había dirigido a mi parecía que se consideraba un superior hablando a un vasallo, seguro que ocultaba una historia interesante tras de si.

-Repetiré mi pregunta, ¿que ha pasado aqui?

Martenoth

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Re: Ira Divina

Mensaje por Storm el Miér Sep 14, 2011 10:54 pm

El profesor nunca se equivocaba en sus decisiones, siempre, cada movimiento que éste hacía en el contexto de la ubicación y "rescate" de los jóvenes mutantes tenía una razón de ser, y éste, al parecer, no era la excepción; la bella mujer de albina cabellera solo cuestionaba el hecho de haber sido enviada sola, a aquel remoto paraje griego.

La sonrisa de Storm parecía cincelada en esos labios de granito rosa, perfectamente perfilados y contrastantes con la piel de ébano de la diosa del clima; la mutante de blancos cabellos aún tenía sus dudas acerca de la misión que iba a desempeñar y lo que ésta podría acarrear, sobre todo, al ser enviada sola a tratar con un mutante cuyos poderes se había negado a revelar el Profesor.

Intentó comunicarse con Scott a la mansión, embargada por la renuencia a llevar a cabo aquella mision en solitario; mas sin embargo, su lugar era al servicio de su equipo, presta a ayudar a quien lo necesitara -Y vaya que, según lo dicho, aquel chico que buscaba, la necesitaba!-. Ororo le sonrió calidamente a la nada y volvió a clavar la vista en el frente; iba como piloto en aquel vuelo específico, y al igual que siempre, deseaba el mejor resultado posible, el saber que podía confiar en sus habilidades, le daba una calma exquisita que reforzaba sus esperanzas.

Tormenta recordó vagamente aquel encuentro, años atrás, con el joven Tempest, aquel hombre tan parecido a ella y que, dias despues de aquel accidentado comienzo en Manhattan, Storm se enterase era realmente quien ella temía: Su clon, su hijo, y peor aún, tocado por la mente siniestra de algún esbirro de Emma Frost, o por ella misma, según su percepción. ¿Resultado?, completa desaparición del joven.

Ororo se estremeció y bajó la mirada dos segundos, recomponiendo las facciones de manera casi automática, haciendo chispear los orbes celestes cual cúmulo de tormentas, en espera de desatarse sobre la tranquilidad terrestre. La mutante observó el paisaje abierto, quería llegar ya, el sitio no pintaba muy lejos y el clima era favorable, esperaba no hallar ningun problema que pudiese decantar en la pérdida de aquella creatura, por lo que, Storm, más seria que de costumbre, miró de reojo los controles y suspiró suavemente

-Quizá debería pedir "refuerzos"-

Storm se había distraído en sus pensamientos, dudando realmente si completar aquella misión, no por que ésta fuese peligrosa, si no por que, al contrario, tenía muchas más cosas que pensar y hacer encajar en las órdenes del Profesor, plus decir que, aunque no lo pareciera, Ororo se hallaba preocupada por la inesperada decisión de su mentor.

El Ave Negra descendió sobre una superficie plana y libre, a buen recaudo del sitio donde apuntaban las coordenadas: El pleno corazón de la Isla. Tormenta asintió de forma casi automática a su reflejo en el vidrio ahumado, nadie podía precisar si el último gesto de la bruja del clima era una sonrisa preocupada o una mueca de hastío, por que desapareció de sus labios tan pronto la escotilla se abrió; su mente comenzaba a marchar a revoluciones inusitadas, su cuerpo tenso y a la expectativa, su mirada celeste atisbando en medio de la semipenumbra y el corazón latiendo acompasado, intentando imprimirle su propio ritmo al caos de ideas que pululaban por la mente de la mujer de cabellos blancos.

Kairos se llamaba, la imagen vista en el proyector de Cerebro no se apartaba ni un segundo de Ororo mientras ésta andaba por su cuenta, manteniendo un ritmo constante en su búsqueda, sonriendo sin desearlo ante la pregunta inquieta que su mente y los nervios le repetían: ¿Por que tanto misterio?. Storm suspiró y decidió torcer el camino, puesto que el sendero en línea recta no había resultado satisfactorio o de provecho; la ojiazul giró a la derecha, cuando intempestivamente se abrió ante ella un claro bañado por la luz y una persistente llovizna.

Tormenta intentó hacer del sigilo su segunda lengua, pero estaba ya demasiado a descubierto como para pasar desapercibida, e incluso la voz de un hombre le llegó flotando con la advertencia de su presencia grabada en el matiz tenso de su voz. La Bruja del Clima no pudo menos que detenerse y sacudir la cabeza, respirando profundamente y acompasando sus respiraciones, al pesado aplomo que en esos momentos, comenzaba a surgir, regalándole a las facciones de la albina mujer, la serenidad de una diosa de piedra.

La mujer de blancos cabellos se irguió suavemente y continuó su caminata hacia el sitio donde se hallaban aquellas dos personas, vislumbrando lentamente entre la penumbra, al tan buscado Kairos. Tormenta le sonrió de forma tranquilizadora y ladeó el rostro, levantando suavemente las palmas de las manos en ademán pacífico y posando la mirada en aquellas dos figuras. La persona que el Profesor les había enviado a buscar era simplemente, una creatura como pocas, única como cualquiera de ellos.

-Concedan los superiores, virtud y vida. ¿Joven Kairos?-

Musitó, recordando las antiguas muestras de respeto que le habían sido inculcadas en su pais natal, desde siempre. Ororo detuvo su andar y miro a ambas personas, entornando la mirada con la curiosidad reflejada en su rostro, ¿sería ese encuentro, pacífico y fácil, o de lo contrario, se encontraría inmersa en una batalla por aquel mutante?.

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Re: Ira Divina

Mensaje por Kairos el Jue Sep 15, 2011 6:44 pm

La firme mirada de Kairos dejaba bien claro que no confiaba en su interlocutor, que no creía por completo sus palabras. Ponderó cada una de las palabras que salían de los labios de aquel hombre, mientras caminaba en círculos a su alrededor, sin dejar de mirarlo. Las nubes en lo alto giraban cada vez con mayor velocidad, como para desatar un tornado o un huracán, mientras los relámpagos saltaban entre ellas y los truenos rugían. Al escuchar la pregunta, el joven dios frunció el ceño. No estaba acostumbrado a que ningún mortal lo tratase de ese modo, de igual a igual. Al menos, ningún mortal que no tuviese relación con él. Sin embargo, algo perturbó sus sentidos, algo cercano... algo muy familiar, pero que sin embargo no había sentido jamás. La voz del viento y la lluvia se estremeció, y Kairos dejó vagar la vista en la lejanía, girándose para intentar ver cuál era el origen de aquella perturbación, de aquella sensación que lo envolvía como si fuese el sol de mediodía en un desierto, provocándole un cálido sentimiento de reencuentro.

Y entonces la vio. Caminando hacia ellos, tranquila y serena, con la blanca melena agitándose a merced del viento, convertido ya en una inofensiva brisa, alzando las manos en un ademán pacífico. No la conocía y, sin embargo, sentía cierta familiaridad con ella. Fueron las voces del viento, la lluvia y las nubes las que se lo dijeron. Aquella mujer era como él, posiblemente tendría su mismo poder. Algo renació en su corazón al verla, algo que había muerto junto a su abuelo y sus seres queridos: esperanza. El sentimiento de que no estaba solo, de que había al menos una persona en el mundo que era como él. Aquello bastó para calmar, al menos en parte, al temperamental y joven dios, lo que provocó que se abrieran las nubes y los rayos del sol hendieran el cielo, iluminando, por fin, la desolación y la devastación que era el centro de la isla. Ignorando a aquel hombre que le había interpelado, Kairos dio un paso hacia ella al escucharla pronunciar su nombre. A pesar de la sorpresa, aún consiguió encontrar en su interior la entereza suficiente para mostrarse educado, según las costumbres que su abuelo le había enseñado.

- Que los dioses iluminen tu camino. Yo soy Kairos. Kairos Chrysallis, hijo de Saga. ¿Quién eres tú? ¿Y por qué conoces mi nombre?

Enfriada ya su cólera y calmada en parte su desconfianza, el joven quería respuestas. Deseaba saber quién era aquella mujer, de qué lo conocía, qué era lo que sabía sobre él... y por qué había ido a buscarle allí, justo en aquel momento. Un millón de preguntas bullían en su mente.

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Re: Ira Divina

Mensaje por Martenoth el Vie Sep 16, 2011 10:50 am

No pude evitar una semisonrisa ante la forma petulante de mirarme del muchacho que no pasaría de los 19 años, estaba claro que era uno de esos a los que sus poderes se les habían subido a la cabeza, creyéndose... no se, seres superiores a cualquier otro ser que caminase sobre la faz de la Tierra. Y entonces apareció ella, una mujer con el pelo blanco, caminando impasible como si las nubes no existieran, mi sonrisa se hizo aun más amplia, hice una breve y educada reverencia y le dije:

-Mis respetos señorita Monroe, es un honor poder verla en persona.

Era obvio quien era, era una de los famosos x-men que tantas veces habían salido en los medios de comunicación. Los x-men no dejaban de resultarme curiosos, buscaban una utopía, defendían un mundo que los odiaba, que los rechazaba, ello me causaban sentimientos contradictorios, por un lado me parecía una soberana estupidez, pero por otro sentía admiración por esa muestra de determinación y valor, estaba al tanto de una gran parte de las andanzas de este grupo y no podía hacer menos que respetarlesm aunque no compartiera sus ideales.

-Permítame decirle, señorita Monroe que admiro y respeto la forma de actuar y comportarse de usted y los suyos, aunque no comparta sus ideales, aunque lo cierto esque tampoco coincido con los de el mutante Magneto y los suyos si es lo que se está preguntando. Me presento, mi nombre es Martenoth, hijo de Penélope y nacido en la ciudad de Atenas en el año mil antes de Cristo.

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Re: Ira Divina

Mensaje por Storm el Dom Sep 18, 2011 11:10 am

Tormenta miró por varios segundos, a los dos hombres ahí reunidos, ponderando con seriedad y prudencia, lo que de sus finos labios de rosa y amanecer, saldría. Una suave sombra de duda surcó su rostro cuando escuchó al hombre de albina cabellera llamarla por su nombre, y en vano intentó recordar si en algún otro sitio menos fortuito, se habían encontrado antaño.

=Martenoth, ¿habemos sido rivales o conocidos en algún otro momento, que sabes mi nombre?=

La voz de Ororo guardaba la prudencia de siempre, mas sin embargo, tambien destilaba un suave matiz de desconfianza y recelo, sobre todo, en aquel sitio tan lejano, en solitario, no quería que aquella misión resultase como la de Soma, en una batalla que, si bien en esa ocasión se pudo evitar, quizá en esta, no corriese con la misma suerte.

=Los ideales pertenecen a cada individuo, Martenoth, las causas nunca son justas o injustas, solo son movimientos hechos para defender una ideología; algunos comulgan con ella, otros no. Cada ser es libre de seguir su camino=

Con delicadeza, la Bruja del Clima no esperó la respuesta, pues su prioridad ahí era el joven de celestes orbes, inquieto y que había despertado en ella, la sensación de familiaridad, de añoranza y sobre todo, de sorpresa, pues Kairos poseía sus mismos, o muy similares, poderes.

¿Así que esto era por lo que el Profesor quería que viniese sola?

Aquel pensamiento inundó su mente, apartándola de la realidad por fracciones de segundo, mientras posaba la mirada calma y reflexiva en el joven confundido, el cual exigía respuestas que ella, en parte, le podía entregar.

=Mi nombre es Ororo Munroe, Kairos, me conocen como Tormenta, y soy una mutante, y, al igual que tu, controlo el clima=

Tormenta no vió el sentido de ocultarle su nombre, si ya la persona ahi presente, había develado aquel secreto tan celosamente guardado en los primeros acercamientos. Con decisión, la mujer de blancos cabellos y orbes de cielo se acercó a Kairos, cortando la distancia hasta llegar frente a él, posando una mano con delicadeza maternal en el hombro del chico, sonriendo con aquella dulzura teñida de nostalgia que siempre la caracterizaba

=He sido enviada por el Profesor Xavier a buscarte, tengo una oferta que hacerte de su parte: En América, existe una escuela para gente como nosotros, Kairos, gente diferente a los demás, en donde te serán enseñadas diversas cosas, entre ellas, la forma más segura de controlar tus poderes, para evitar así, que te dañes o hagas daño a alguien más=

La voz de Tormenta era una suave caricia, brisa estival que en esos momentos se agitaba presa de alguna sensación recóndita en el corazón de la morena; quizá Kairos era la oportunidad que su diosa le presentaba para enmendar el error cometido con su clon, Tempest.

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Re: Ira Divina

Mensaje por Kairos el Mar Sep 20, 2011 8:56 am

Ante las palabras de Tormenta, Kairos no supo qué decir. Por supuesto que estaba enterado de la existencia de los mutantes, mortales con dones extraordinarios, pero jamás se le había pasado por la cabeza que él era uno de ellos. Siempre había considerado su don, como todos aquellos que vivían en la isla, como la prueba de cierta esencia divina en su interior, como la prueba de que el mismísimo Zeus le había entregado parte de su propia fuerza, lo que en cierto modo lo convertía en un dios también a él. Cuestionarse el origen divino de sus poderes era como cuestionarse toda su existencia. Si no era un dios... ¿qué era? Sin embargo, no dudó ni por un momento de las palabras de Ororo. Acostumbrado como estaba a adivinar lo que la gente no le decía (muchos por respeto hacia su persona y su supuesta divinidad, otros por sencillo temor), sabía que aquella mujer de blanca cabellera y ojos azules no le estaba mintiendo.

Desvió la mirada, clavando su vista en el horizonte, ponderando aquella oferta, con la melancolía escrita en los ojos. No conocía en absoluto la civilización fuera de la isla, jamás había salido de aquel remanso de paz que era el santuario de la Grecia antigua. El hecho de enfrentarse a un mundo desconocido, donde ninguna persona conocería su nombre y todos le tratarían como a uno más le provocaba sentimientos contradictorios: en parte, y aunque nunca lo reconocería ante nadie, le daba miedo. Sin embargo, si no iba con Tormenta ¿qué otra alternativa le quedaba? Estaba solo en el mundo, no conocía a nadie, más allá de algunas alusiones de su abuelo a un sabio monje que vivía en el Tíbet y había sido el mejor amigo de su padre. A esto se le sumaba la curiosidad natural del joven dios, curiosidad natural en cualquier adolescente de su edad. Exhalando un suspiro, miró a Tormenta a los ojos.

- Muy bien, aceptaré la oferta de ese Profesor Xavier. De todos modos, no tengo a dónde ir, de mi antigua vida sólo quedan cenizas y esta armadura. Te estoy muy agradecido por que hayas venido a buscarme, gracias, Ororo -dijo Kairos, con voz clara y firme, poseedora de un deje de orgullo que ni siquiera los terribles sucesos a los que se había enfrentado podrían apagar, pero que también dejaba entrever una extraordinaria gentileza y amabilidad. A continuación, fijó su mirada en Martenoth, frunciendo el ceño-. Sigo sin creerme que hayas aprecido aquí por casualidad, y que aún por encima sepas quién es ella y que por un capricho del destino te hayas encontrado conmigo. No creo en las casualidades, Martenoth. Sin embargo, por esta vez te voy a conceder el beneficio de la duda, pero ten esto muy claro: si algún día llego a enterarme que has tenido relación con lo que ha pasado aquí, te mato. ¿Me he explicado con claridad?

En el tono de Kairos no se podía apreciar ninguna emoción. Su voz en ese momento era fría y desapasionada, como una helada en pleno invierno, y sus ojos mostraban una expresión despiadada e indiferente. Ni siquiera tenía un tono amenazante, parecía que estaba comentando un hecho tan impersonal como que hubiese llovido la noche anterior. El clima permaneció imperturbable, señal de que el hijo de la tormenta estaba ejerciendo un poderoso control sobre sus emociones en ese momento, para no dejar traslucir ni la más mínima.

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Re: Ira Divina

Mensaje por Martenoth el Lun Sep 26, 2011 4:59 pm

Presté atención en primer lugar a las palabras de la bruja de las tormentas a las cuales sonreí, realmente tenía que tener muy mala memoria si no era capaz de recordar a todos sus rivales o si dudaba sobre si alguien había sido enemigo suyo en alguna ocasión:

-No, nunca hemos tenido la desgracia (o el placer) de enfrentarnos, te conozco del mismo modo que todo el mundo: los x-men saliis en los periodicos, las noticias, en internet, ¿acaso pensabais que vuestras acciones pasarían desapercibidas? Todo el mundo ha oido vuestros nombres al menos una vez, solo que yo tengo mucho tiempo libre por lo que he podido informarme más que la mayoría, no le des importancia.

Sonreí cuando tormenta le ofreció al joven mutante acompañarla a la academia, los miré a ambos, tenía sentido ya que ambos compartían el mismo poder y Kairos aceptó casi sin dudar, un chico inteligente sin duda, pero cuando se dirigió hacia mi ennarqué las cejas, hacía tiempo que nadie me hablaba asi.

-¿Chico tu no sabes quien o que soy yo verdad? No, claro que no, no es algo que me guste promulgar. De todas maneras no te tienes que preocupar, no he tenido nada que ver con lo que aqui ha pasado... aunque debió ser divertido, de eso no me cabe duda.

Mientras hablaba caminaba en círculos alrededor de ellos dos, como si los estuviese analizando desde todos los ángulos, finalmente señalé a la armadura de Kairos y pregunté:

-¿De que está hecha?

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Re: Ira Divina

Mensaje por Storm el Dom Oct 09, 2011 2:59 pm

La mujer de fieros orbes celestes se tomó el tiempo del mundo para meditar las palabras de aquel hombre tan extraño, Marthenot, mismo que sabía todo de ella, pero en la inversa, él era un enigma par ala bruja del clima.

-Aún así, los Hombres X no somos simios de televisión, y si tu compartes aunque sea una módica cantidad del sentido común de los demás, te mantendrás en el límite-

"Límite", !que curiosa palabra!; una que Ororo no había utilizado en demasiado tiempo, o quizá, la usaba tan a menudo con sus pupilos, que carecía de sentido cotidiano, recuperando su fuerza en esos momentos, confiriendole a las palabras de la Bruja del Clima, una dureza impropia de ellas.

-Kairos, eres libre de hacer lo que desees, solo ten presente que, al sitio donde vamos, primero tendrás que aprender a moderar tu caracter, en la mansión, serás unicamente un chico más, con habilidades especiales que yo misma te ayudaré a controlar-

Storm no buscaba ser dura con el chico, pero la facilidad con que sus emociones fluctuban, influyendo en el ambiente con la fugacidad del rocío de la mañana, mantenía a la morena, en un permanente estado de alerta mezclado con nostalgia, !cuanto se parecía el joven de grises cabellos, a ella, tiempo antes de ser rescatada por el Profesor Xavier!.

-Es tu decisión, Kairos.. Pero si quieres ser parte de nuestro mundo, debes comenzar a controlarte ahora-

Storm

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Re: Ira Divina

Mensaje por Kairos el Lun Oct 10, 2011 4:57 am

Las palabras de Martenoth fueron ignoradas olímpicamente por el joven de cabellos plateados. No tenía nada más que decirle, ya le había advertido, tal y como era su deber. Sin embargo, Kairos sí reaccionó ante las palabras de Ororo, ruborizándose un poco por la regañina y mirando al suelo, algo avergonzado. ¿Por qué se sentía así? Ni él mismo habría podido decirlo, pero sentía exactamente lo mismo que cuando su abuelo lo regañaba por algo: a pesar de su indomable orgullo y su tremendo poder, bastaba una palabra del anciano líder de la comunidad para que el joven Dios de las Tormentas agachase la cabeza, contrito y respetuoso. ¿Por qué le pasaba lo mismo cuando Storm hablaba? ¿Tal vez era debido a que ambos compartían el mismo tipo de poder? ¿O tal vez... era que Kairos intuía el hecho de que aquella mujer podía entenderle mejor que nadie? Las facciones del joven perdieron aquella dureza que poseían al hablarle a Martenoth y se disculpó, con voz suave.

- Lo siento, Ororo... Todo esto ha sido... demasiado. Haré todo lo posible para controlarme, lo prometo -dijo, con tono sincero y algo solemne, aunque no pudo evitar que una lágrima escapara de su ojo izquierdo al referirse a los terribles sucesos que habían tenido lugar en la isla. Respiró hondo y se calmó, decidido a no mostrarse débil ante nadie. Sus ojos chispearon con un destello eléctrico cuando utilizó su poder para disolver por completo las nubes del cielo, demostrando la tranquilidad que yacía en su interior. Un ligero jadeo de cansancio salió de sus labios y su vista se nubló por un segundo: el hecho de desatar su poder anteriormente había consumido en gran parte sus fuerzas. El agotamiento era algo más mental que físico, ya que en teoría el potencial de Kairos era ilimitado, pero afectaba de la misma forma al chico. La última pregunta de Martenoth le hizo girarse hacia él y fruncir el ceño. ¿Por qué se interesaba aquel hombre en su armadura? ¿Sería que él había sido el culpable último de la masacre de aquel día, todo para hacerse con aquella armadura de color dorado? Las sospechas inundaron la mente del joven hijo del rayo, pero su semblante y sus emociones permanecieron impasibles. Si Martenoth había tenido algo que ver, lo averiguaría a su debido tiempo... y le obligaría a suplicar piedad antes de aniquilarlo. Sin embargo, en ese momento decidió que lo mejor sería mostrarse tranquilo... y algo más amable-. Siento decirte que eso no es de tu incumbencia. No es algo que pueda revelar... y aunque pudiese, tampoco lo revelaría ante un absoluto desconocido -reiteró, en tono suave y carente de inflexiones. No se notaba antipatía hacia Martenoth en él, ni tampoco simpatía. Parecía haber emociones ambivalentes en el corazón de Kairos.

Concentrándose por un segundo, el joven se deshizo de su armadura, que se separó de su cuerpo y se ensambló a su lado, en una extraña forma, antes de que a su alrededor apareciese una caja de metal dorado y encerrase aquella vestimenta en su interior, dejando a Kairos vestido con una simple túnica de color blanco, con unos cortos guantes de lucha en las manos y sandalias de tiras en los pies.
Spoiler:
La armadura ensamblada:
Kairos cargó la caja a su espalda, mediante unas tiras de cuero sujetas a la misma, como si no pesase lo más mínimo. Por un momento, dio la espalda a Ororo y a Martenoth, acariciando con la mirada el hermoso paisaje de su amada isla, radiante bajo los dorados rayos del sol. Aún no se había ido de allí y ya sentía la nostalgia inundar su alma. Un suspiro brotó de sus labios mientras dedicaba un pensamiento a cada uno de sus difuntos amigos, a su abuelo y a todos los habitantes de la aldea. Se limpió las lágrimas, con cierta rabia, para que no lo viesen llorar y se dio la vuelta, con expresión firme y tranquila.

- Vámonos ya, Ororo. Si nos demoramos más... no sé si seré capaz de irme.

Kairos

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Re: Ira Divina

Mensaje por Martenoth el Lun Oct 10, 2011 7:24 am

Ennarqué una ceja ante las palabras de Ororo, vaya, que mal genio tenía esta mujer, yo solo trataba de ser amable y por poco me muerde. Mantuve su mirada sin pestañear y finalmente me llevé mi mano a través de mi cabellera mientras soltaba un suspiro.

-Lo siento si te he ofendido bruja del clima, no era mi intención, tan solo trataba de conocerte, como comprenderás es normal que siente curiosidad cuando me topo con una de las personas que tan de moda están últimamente. Especialmente en mi tierra natal, donde no esperaría encontrar a ninguno de vosotros la verdad.

Luego miré al joven con poderes tormentosos y sonreí, tenía un leve tono de petulancia al mirar al muchacho, no obstante mi voz sonó completamente seria cuando hablé.

-Lo entiendo perfectamente joven, haces bien en no fiarte de los extraños, asi vivirás más. Pero deberías tener cuidado, una armadura asi... seguro que es codiciada por alguien, en algun lugar, o en su caso lo será. - dicho esto desenvainé mi espada, solo la hoja medía dos metros, la sostuve en alto con una sola mano, pero no de forma amenazante. la miré de arriba abajo y añadi - cuando posees un artefacto místico, misteriosamente todo el mundo quiere hacerse con él. - mi espada pareció resplandecer de forma sobrenatural durante un instante, pero fue a penas perceptible. Dicho esto la volvi a envainar.

Les di la espalda, por lo visto se iban a ir ya, bueno, ya había satisfecho mi curiosidad, ya sabia que había originado la mini-tormenta y ya se había solucionado.

-Si, deberías iros pronto, pronto alguien notará que algo no va bien en esta isla y enviarán a alguien a investigar, y si es asi no deberían encontraros aqui.

Martenoth

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Re: Ira Divina

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