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Secretos - Privado

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Secretos - Privado

Mensaje por Jean Grey el Jue Sep 15, 2011 1:31 am

La noche caía sobre la mansión X, la cual estaba completamente en silencio. Las estrellas en lo alto titilaban como infimos trozos de diamantes, mientras la luna se escondía detrás de las nubes como si estuviese expectante de aquello que podría llegar a pasar. Muchos cambios habían visto esos muros en los cuales todos los seres diferentes, conocidos por la sociedad como "mutantes" se ocultaban escapando del repudio y el desprecio.

Ya no se escuchaban las risas de Kitty Pryde ni los gritos de Alyson. Tampoco se percibían los pasos velocidad de Medianoche, ni las discusiones de Gambito con Rogue. En esos instantes todo era silencio en la mansión de Charles Xavier. Pero dentro de una de las habitaciones, cuya ventana estaba abierta para permitir el ingreso de la luz de la luna, sí había movimiento. Tendida en la cama completamente dormida, presa de sus propios sueños, la telepata pelirroja Jean Grey se encontraba como una bella durmiente. Pero a diferencia de la quietud que uno esperaría en una situación semejante, el cuerpo de ella empezó a despegarse del colchón, elevándose a unos centímetros de la cama mientras sus cabellos se mecían como si fuesen llevados por ondas invisibles. Como si todo fuese un efecto en cadena, cada uno de los objetos empezaron a vibrar en un movimiento constante, levantándose de su sitio como tomados por manos invisibles.

En sus sueños, Jean veía su cuerpo elevándose por los cielos, rodeado por lenguas de fuego que la envolvían sin consumirla, colocandola por encima de todos, mutantes y humanos, dándole el poder de una diosa ígnea.


Última edición por Jean Grey el Jue Sep 15, 2011 3:08 am, editado 1 vez

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Re: Secretos - Privado

Mensaje por Cíclope el Jue Sep 15, 2011 2:27 am

Que distante parecía el reposo aquella noche para el extenuado líder. Aun yaciendo abatido sobre su lecho, abominado por la creciente responsabilidad que día tras día cargaba incansable, el descanso le era arrebatado por una turba inquieta de pensamientos que pululaban preocupadas por su cráneo. Como con las jaquecas de antaño, su nuca latía y no lograba hallar posición alguna que aliviase su malestar. Los breves lapsos de sueño eran interrumpidos por agudos dolores que lo traían de vuelta a la realidad, observando perdido a su alrededor en aquel solitario cuarto. Todo era carmesí ante sus ojos, difícilmente recordaba de forma nítida otros colores de los tiempos que aun no era esclavo de su estirpe mutante, y, escarlata como él veía, la luna brillaba en un intenso tono sanguíneo. Tan fuerte resplandecía aquella noche que la comparó con un radiante sol rojizo, como una estrella furiosa que clamaba infinita de poder y disfrutara con cada mínima fracción que adquiría de éste. Desde su cama, el resplandor creciente del astro bermellón lo iluminó cada vez con más fuerza, sus ojos dolían y el malestar en su nuca crecía sin mesura en él. ¿Que ocurría? Apartó los ropajes blancos de él e intentó retroceder, arrancar de aquella luminosidad vibrante que lo aquejaba. Cubrió sus ojos y clamó en gritos que se detuviera –¡No, no hagas ésto! ¡Detente!– Su voz no era poderosa, no, al contrario, era una súplica, un ruego desesperanzado que parecía ser más bien producido por el temor.

El dolor de sus cabeza se extendió hacia sus ojos, casi colapsando los mismos en agonía. Arrancó sin sutilezas el visor que cubría los mismos y cerró sus parpados, apretando los mismos con la palma de sus manos. No lograba ver más que la oscuridad de su ceguera, nada más que el vació de no observar y, aun así, sabía que la luz exterior brillaba todavía con más fuerza que antes. Desesperado, apartó sus manos y abrió sus orbes destellantes, emanando una increíblemente poderosa descarga destructiva de los mismos; mas no arrasó con nada, parecían unirse con el resplandor exterior de la esfera furiosa que ahora reconocía por un radiante sol enajenado, volviéndolo solo más brillante y poderoso. Clamó en miedo y el astro, solo por momentos, ondeó en placer. Gritó tan fuerte como pudo y volvió a abrir sus ojos, ahora volviendo a encontrarse en el espectral vacío de su habitación.

Sudaba, en exceso, su cabello alborotado caía sobre su rostro y tenía restos de cristal esparcidos por su rostro. Los anteojos de cuarzo de rubí que utilizaba para dormir estaban, casi imperceptiblemente, trizados en sus cristales. Imperceptible para quien los viese de afuera, no para quien veía con éstos. Su respiración agitada, acompañada del intenso latido de su pecho, lo hicieron reclinarse en la cama y buscar algo de alivio para respirar. ¿Un sueño? Pensó y limpió la transpiración de su rostro. Los ropajes de la cama estaban totalmente arruinados, en el suelo o fuera de donde debiesen estar, solo él restaba sobre el catre. –¿Qué...?– Se levantó y buscó el borde de la habitación, con intención de caminar, aun con bastante estupor, hacía el baño. Una vez en el pasillo se detuvo, apoyando su cuerpo contra la pared, repasando lo que había alucinado. No recordaba nada más que el borroso y luminoso recuerdo de una luna, grácil y amena, tornándose en un abrasivo e imparable sol. A un costado del salón, aun recobrando su conciencia presente, observó como los trozos de cristal, aun adheridos a su rostro, comenzaron a desprenderse del mismo, flotando frente a él. Observó la habitación de su más cercana compañera, encontrando que la perilla de la puerta de la misma titilaba infrecuente y temblorosa. –...Jean– murmuró y se apresuró a abrir la misma con fuerza, encontrándola trabada, forzándolo a utilizar la fuerza de una acometida para ingresar.

Ahí la encontró, levitando serena e imperecedera, totalmente fuera de sí. No había nada más que ella en el salón, los muebles bailaban sutilmente por sobre el piso y los objetos de menor volumen danzaban como conducidos por un oleaje marino sobre el lugar que debiese estar. Se aproximó raudo hacia ella, cazándola de ambos brazos y exclamando con voz intranquila, sin gritos –Jean... ¡Jean!–-

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Re: Secretos - Privado

Mensaje por Jean Grey el Jue Sep 15, 2011 2:53 am

Con parsimonia su cuerpo se mecía sereno y calmo, en la suprema magnificencia de un cielo que no podía frenar a la diosa que se elevaba sobre él, envuelta en las llamas poderosas del fuego que todo lo abrazaba como un amante indiscreto que se apodera del cuerpo de su pareja. No había más que placer en ese estallido de energia, mientras se veía a si misma como un angel llameante que extendía sus alas gloriosas al universo, levantandose por encima de cualquiera.- ¡Fuego! ¡Soy el fuego hecho carne!- Pero entonces en la soledad de los cielos, tan por encima de la atmosfera, sobrevolando por entre las estrellas, la pelirroja empezó a sentir como su piel mostraba los primeros signos de ardor. Sus manos y sus piernas empezaron a arder, obligandola a ver como sus palmas eran deshechas por las llamas, primero consumiendo sus guantes amarillos y luego su piel, pasando por su carne y llegando a sus huesos. Esa visión se reflejó en todo su cuerpo en cual empezó a ser comido por el fuego que antes la cubría, dandole la fuerza de un dios. Esas llamas con las cuales se elevó por encima de los hombres empezaron a destruirla, volviendose más y más intensas. - No... ¡No! -exclamó Jean en una súplica mientras se retorcía en medio de la oscuridad del universo.

Su cuerpo tambien empezó a retorcerse mientras que todos los objetos que antes apenas levitaban ahora se movian de manera brusca y nerviosa, chocando contra las paredes o entre ellos. El portaretrato que descansaba sobre la mesa de noche de la pelirroja en la cual estaba la foto de Jean y Scott en una de sus salidas fue despedido y choco contra una de las paredes, iniciando una seguidilla de movimientos bruscos de objetos dentro de la habitación. En sus sueños, Jean escuchaba a alguien gritar su nombre una y otra vez, ingresando a las llamas que la estaban destruyendo, tomandola del brazo con fuerza - ¡No puedo hacerlo! ¡No me hagas hacerlo! - De nuevo esa escena de aquel sueño que tanto se había repetido cada noche. Una escena donde ella clamaba a alguien que hiciese algo. El fuego era tan intenso, el poder tan embriagador y los ruegos tan insistentes que ella despertaba antes de saber que era aquello que aquel hombre le rogaba no hacer.

La voz que clamaba su nombre se fusionó con la voz de Scott, así como la mano que la sujetó tratando de contenerla en sus brazos. La visión de ella cubierta en llamas se esfumó cuando abrió sus ojos verdes como dos trozos de esmeraldas. En ese instante todos los objetos que estaban levitando cayeron al suelo, así como ella, cayendo pesadamente sobre la cama y los brazos de Ciclope. Le miró asustada, sorprendida y confundida, paseando sus ojos por toda la habitación para volver al rostro de su pareja - ¿Scott?- dijo en un susurro, sintiendo en su pecho su corazón golpeando enloquecido.

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Re: Secretos - Privado

Mensaje por Cíclope el Jue Sep 15, 2011 5:13 am

Sujetó fuerte los brazos de su amada, sin vacilar un solo instante en medio de la tormenta psiónica que violentamente emanaba desde ella, como un vórtice de infinita energía, arrasando los pequeños objetos a su alrededor. La preocupación se encarnó viva en el rostro de Scott, él cual clamó fuertemente por el nombre de su adorada pelirroja, buscando arrastrarla desde la profunda pesadilla en la que parecía sumergida; todo sin éxito alguno. Por más que luchase contra las convulsiones espasmódicas de ella, no podía evitar el origen de tales furiosos arrebatos, solo la retenía para evitar que se dañase a si misma o se alejara de la cama. –¡Jean, no!– Gritó desaforado, al apreciar que el vendaval telequinético no disminuía, sino al contrario, continuaba incrementándose sin signo alguno de detenerse. Pequeñas alhajas impactaban fuertemente contra él, mientras los muebles de la habitación generaban un caos realmente ensordecedor, azotándose con extrema violencia, una y otra vez, contra los muros y ventanas de la misma. Él cerró sus ojos, sintiendo desesperado que perdería el agarre de ella, propulsado por la misma energía que estremecía todo a su alrededor; al mismo tiempo, ella los abrió y todo acabó de la manera más abrupta posible.

Scott cayó tras perder el agarre de su zurda, mas su diestra jamás se soltó de ella, marcando sus dedos en aquella piel nívea. No hubo tiempo de preocuparse por sí mismo, tan veloz como fue derribado, se abalanzó sobre la cama que yacía Jean, aletargada. Alcanzó su rostro con ambas manos, acariciándolo y reteniendo éste con ambas palmas, recorriendo su cuello y mejillas. Sus ocultos ojos carmesí buscaron con desesperación las verdes esmeraldas de ella. Apartó tiernamente, aun tembloroso, producto de la emoción emoción, los alborotados cabellos rojizos de su rostro. –Jean, ¿te encuentras bien?– fue lo único que pudo formular al escuchar la primera y única palabra de ella, una infinitamente valiosa para él; ella lo reconocía y estaba fuera de su terrible y casi irrompible trance. –¿Qué sucedió? Yo... Oh, dios mio, estás bien– Sus palabras confusas fueron interrumpidas por una suerte de abrazo en el cual él acercó estremecido su rostro al de ella, presionándolo con fuerza. Inhalo veloz, buscando recobrar la calma perdida. Al unirse ambos plexos, sintió como el pecho de ella se agitaba con fuerza, tal como el propio, alejándose para darle espacio para respirar. Se levantó y velozmente abrió las ventanas, para retornar casi inmediatamente con ella. –¿Qué ha sido todo eso? Por un momento pensé que te perdía–.

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Re: Secretos - Privado

Mensaje por Jean Grey el Sáb Sep 17, 2011 10:12 pm

Sentía como su corazón palpitaba enloquecido, mientras el calor de su interior se veía reflejado en sus mejillas ardientes. Era como si todavía no pudiese entender del todo que había pasado; en qué instante el mundo onírico se había vuelto tan real, destruyendo su voluntad de una manera sorprendente y a la vez, tenebrosa. El fuego, el placer, mezclados con el dolor y la desesperación continuaba causando estragos en su mente, la cual no terminaba de despertar. Jean pestañeó un par de veces, ahogando sus ojos húmedos para volver a ver a Scott, quien había surgido de la nada misma para aparecer a su lado, junto a su cama, dentro de su habitación. Él la envolvió en sus brazos, presa de la desesperación que le inundó cuando no supo que hacer al verla sometida por la fuerza invisible que era su propia telequinesis, elevándola, a ella y a los objetos, en el aire como por arte de magia. Sentía su garganta seca, su cabeza le daba vueltas, como si aun no entendiese donde se encontraba - Scott. ¡Oh Scott!- exclamó, lanzándose a su cuello, acercándose a él en un abrazo poderoso que solo podía demostrar lo confusa y asustada que la pelirroja estaba en esos instantes. El aroma de él logró calmar su inquietud, sabiendo que aquel abrazo no era mentira. Era parte del mundo real y no del infernal circulo en el cual había estado minutos antes.

No había tiempo ni espacio más seguro en esos momentos, en los cuales todo su mundo volvía a la realidad, la calma y la seguridad de los brazos de Scott. Toda la visión anterior, aun así seguía golpeando su mente con ferocidad, tan o más intensamente que otras veces. Poco a poco fue despertando, alejándose apenas de Scott para poder verle el rostro el cual parecia no dejar de lado la preocupación - No...no fue nada. Solo fue un sueño - respondió en un susurro, extrayendo la preocupación de sus palabras, más no de su propio ser.

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Re: Secretos - Privado

Mensaje por Cíclope el Jue Sep 22, 2011 10:15 pm

Guardó sus palabras ante lo evidente, solo limitándose a acariciar tiernamente el rostro de la conmocionada pelirroja. Había pesar en su rostro, ambos sabían que lo recién acontecido no fue consecuencia de un sueño, un terrible sueño, sino que, más bien, se trataba del efecto de una vívida pesadilla, una tan real que había atravesado las delgadas fibras de lo irreal, filtrándose con escándalo hacia el tangible mundo exterior; más allá de la mente de cualquiera, donde todos pudiesen vivir los mismos horrores que ella experimentaba en aquel viciado trance. Ella deseaba ocultar de él lo innegable, pero Scott era ingenuo y despistado, mas no tonto. ¿Hacía cuantas semanas eventos similares veían suscitándose? Difícilmente podían practicar juntos como en antaño. Cada vez que ella pareciera esforzarse en su don, éste se disparaba frenético y perdía total control del mismo, acabando con una intensa jaqueca y eventos similares ocurrían por la noche. Xavier prometió ayudarla, así juró a él, quien no podía sentirse más que impotente al limitarse a observar y sentir como día tras día ella se extraviaba en esa permanente e interminable pesadilla que la consumía.

Alcanzó sus manos con las propias y las sujetó cándido, acariciándolas con sus pulgares. Bajó su mirada unos momentos, concentrándose en la sutil caricia que hacía con sus dedos, finalmente quebró el silencio –...¿Soñaste con eso otra vez?–. Buscó los verdosos ojos de ella al enunciar su pregunta, solo para volver a apartarse de los mismos y dirigirse a su punto anterior. Sabía que la respuesta sería afirmativa, conocía de que trataba la inquietante pesadilla y, aun así, deseaba escuchar de ella misma reconocer tal realidad, pues a él le pesaba aun más. Cuando todo comenzó creyó que terminaría pronto, que solo era una etapa por la cual su amada telépata cruzaba, pero ahora, tanto tiempo tras la primera terrible experiencia que los había puesto en aquel estado, cada día parecía más lejano el creer las palabras del Profesor y jurar que ella estaría bien sin más. Él no podía sino sentirse inútil cada día, sin poder ofrecer más que su, para él, carente soporte. Rompió la incomodidad y apretó con confianza las palmas de ella –Déjame ver–, exclamó seguro.

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Re: Secretos - Privado

Mensaje por Jean Grey el Dom Sep 25, 2011 12:57 am

Su entrecejo se arrugó apenas, viendo el reflejo de su rostro en los lentes de rubí de Scott. En la perfección del cristal, una grieta atravesaba el mismo marcando el rostro de Jean a la mitad en su reflejo bermellón. La pelirroja arrugó el entrecejo y levantó la mano, pasando su dedo índice por el cristal, notando al tacto la irregularidad de éste - Scott...¿Qué sucedió? - preguntó suavemente, mientras su mano tersa y blanca se posaba sobre la mejilla de él acariciando con este gesto el costado de su rostro. Con ambas manos, Cíclope cubrió las de Jean, haciendo que ella bajase la cabeza como si con esto, buscase ocultar sus propias preocupaciones. El roce de los dedos del mutante era nervioso, como siempre que buscaba decir las palabras correctas que no llegaban a sus labios. Cuando Scott habló, Jean solamente asintió en silencio, sin levantar el rostro, con los ojos verdes clavados en ambas manos unidas.

En un gesto de confianza, sus miradas volvieron a unirse, dejando Jean sus manos libres de cualquier fuerza para ser sujetadas por Scott. Cuando ella volvió a mirarle, él huyó de sus ojos y preguntó algo que ella no hubiese esperado, a pesar de ser la acción más natural de su amado - ¿ Mostrártelo? - repitió en voz baja, negando con la cabeza - No ... Scott, no deseo hacerlo - agregó en un susurro débil. Luego de todo lo que estaba pasando, de todo lo que ella estaba sufriendo, tal vez ese sueño solo explicaba un interior caótico en el cual ella dejaba estallar toda su frustración. La pelirroja liberó sus manos para llevar ambas a su propio pecho, evitando la mirada de Cíclope, mientras endurecía sus rasgos níveos y suaves - Han pasado muchas cosas. Rioco casi muere, muchos mutantes han sido capturados y...temo por nuestro futuro, Scott. Eso me impide conciliar el sueño; eso me produce pesadillas. Tengo miedo por nosotros, temo por que Adam corra la misma suerte que Rioco... Temo que pierda el control... - replicó, cerrando sus manos en un suave temblor, sabiendo en su interior que el ultimo de sus miedos era su rebelde aprendiz, Anarchy. En realidad había algo que no decía al hombre frente a ella; había algo que deseaba gritar pero, por alguna razón, calló en un gesto cobarde al hombre que amaba desde hacía años. Ella era quien temía perder el control dado que, en el fondo de su alma, sabía que esa era una cruel posibilidad, cada vez más presente.

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Re: Secretos - Privado

Mensaje por Cíclope el Miér Sep 28, 2011 10:28 pm

–Eso no ocurrirá, Jean– replicó inmediatamente ante las palabras de miedo y angustia de su amada. Cauto, aun cuando desconocía los verdaderos sentimientos de la pelirroja, la existencia reprimida de éstos en su interior, tan evidentes en la angustiada mirada de soslayo de sus orbes esmeralda, reflejando insatisfacción y pesadumbre, no escapaba de él. Tragó saliva y apretó sus labios, bajando la mirada nuevamente. Recapacitando la situación, desconociendo que palabras agregar, retomó las caricias en las manos de ella. Sin mirarla, sumó –¿Segura qué eso es todo?–, liberó el agarre de su palma zurda, dirigiendo ésta al muslo expuesto de Jean, mismo en el cual retenía su diestra con la de ella, acariciándolo suavemente. Al tacto, notó la transpiración fría que yacía en su piel, aun cuando ésta pareciera estarse reponiendo de una terrible fiebre. Aun sin retomar contacto visual, reveló –Yo también tuve un sueño–, alzó su mirada y buscó la luz exterior del páramo nocturno, especialmente el astro selénico, resplandeciendo blanquecino a la distancia. –...Y creo que deberías saberlo–.

Volteó su rostro hacia ella, mostrando una sonrisa reconfortante en el mismo, sin embargo, también era evidente la inquietud que se manifestaba tras aquellos cuarzos de rubí. Se desprendió de ella, solo para alzar sus palmas hacia su rostro y fijar ambas miradas, acercando su frente a la de ella y murmuró una vez más –Déjame ver–. En su mente florecieron las vagas remembranzas de la pesadilla lunar que había experimentado minutos antes, esperando que Jean pudiese apreciarla con la mayor claridad posible, del mismo modo que él esperaba encontrarse por primera vez con aquello que aquejaba a su amada hacía tanto atrás.

"No tengo miedo; estoy contigo. No tengas tú miedo..."

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Re: Secretos - Privado

Mensaje por Jean Grey el Vie Nov 04, 2011 10:22 pm

El poder ver en las mentes de otras personas era parte del don precioso con el cual ella había nacido. Podría ver los recuerdos de quien se pusiese frente a ella como si nada. Podría indagar los más internos secretos y averiguar aquello que las mentes callaban. Ella podría hacer todo eso y más, pero desde el instante en el cual fue capaz de controlar su poder, se juró a si misma jamás usarlo para su propio beneficio a menos que alguien se lo pidiese. Para Jean, entrar en las mentes ajenas era violar una linea intima, más intima que cualquier otra cosa. Y ahí estaba él, frente a ella con sus ojos clavados en su amada, buscando y pidiendo que lo hiciera. Trato de decir que no, mientras sus manos se levantaban, parsimonicamente, una junto a la otra para colocarlas paralelas al rostro de Scott, mientras que sus ojos decían más que sus propias palabras - De verdad no deseo hacer esto...pero tengo la insoportable sensación de...que ...es ...necesario - lentamente de sus manos empezó a emerger calor similar al tacto en una noche de invierno, mientras hilos invisibles surgían del entrecejo de la pelirroja a la vez que ésta cerraba sus ojos. Podía ver en su mente un fuerte resplandor carmesi que atravesaba la realidad misma de la existencia, llegando a los cielos, atravesando los cielos. La potencia de un poder inexplicable emergente de los ojos de Ciclope, el alterego de Scott. Y por instantes, Scott dejó de ser protagonista de su sueño, por ínfimos momentos, su poder lo era, capaz de destruir con una sola mirada la vida de muchos, como lo hacía la gorgona Medusa.

Jean separó sus manos de repente, viendo a Scott algo confusa. Pudo recrear en su mente el sueño que él había tenido, tan diferente al suyo y a la vez, tan similar - Scott... eso fue...- de repente, las palabras de la pelirroja se volvieron inexistentes. Rehuyó de los brazos de Scott , tratando de ponerse de pie mientras perdía sus ojos esmeraldas en la habitación en penumbras mientras su cabellera bermellón caía sobre su espalda, formando hermosos bucles que cubrían hasta sus caderas - Luego de ver esto, menos deseo que veas mi sueño...Scott, solo prométeme... prométeme que no te preocuparás. -la voz de Jean se volvió levemente más grave, como si estuviese por rebelar un profundo y terrible secreto. La mente de Ciclope pudo captar como todo a su alrededor eran llamas vivientes, mientras que la cabellera de la pelirroja se elevaba como lenguas de fuego hacia lo alto.


La vio de la misma forma que ella se había visto en sueños, como una diosa ignea cuyos ojos carecían de pupilas dado que solo eran llamas encendidas. Sus ropas apenas podrían ser captadas dado que el color se perdía en medio del fuego. El sueño que Jean había tenido ahora estaba siendo recreado en la mente de Scott. Lentamente la mujer cubierta de fuego ponía sus ojos sobre Ciclope, viéndole con la ira de una diosa griega, cuando, de repente, esas llamas que tenía a su alrededor, que le alimentaban empezaban a consumir su propia piel. Podría sentir todo, desde el hedor a quemado hasta el dolor manifiesto en el rostro de la pelirroja. Y en un grito de agonía, la figura desaparecía, volviendo la habitación a la más calma normalidad.

-Solo fue...una pesadilla - murmuró ella pero calló la parte más importante - Una pesadilla que sueño cada noche...incluso cuando estoy despierta. -

Jean Grey

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Re: Secretos - Privado

Mensaje por Cíclope el Dom Nov 06, 2011 10:06 pm

–Jean, yo...– añadió carente de algo que verdaderamente agregar tras la visión que la arrancó de sus brazos. Él se mantuvo sentado, siguiéndola con la mirada, abstrayéndose de los vívidos recuerdos que experimentó al cerrar sus ojos junto a la telépata. La expresión de ella, tan afligida y distante, hacía aún más terrible la tarea de prometer la condición que le mencionaba. ¿Cómo no preocuparse? Si los secretos que ella escondía consigo parecían ser más terribles que cualquier vivencia, incomparables a nada que él mundano mutante pudiese imaginar y, aun así, aquello no mermaba su coraje. Tenía miedo, si, por ella, una angustia avasalladora; pero el deseo de resguardarla era aun mayor a cualquier otra sensación. Insensato y más sincero que nunca, se acercó hacia ella y apoyó su mentón a un costado de su sien, volviendo a cruzar sus manos con las de ella y apoyando sus palmas en el vientre de la hermosa pelirroja. No pudo prometer lo que ella le pidió, era incapaz de mentirle, y sólo murmuró una vez más –Déjame ver–.

El mundo de los telépatas es distinto a cualquier otro. Un segundo puede convertirse en una vida y la vida misma resumirse en un segundo. No se rigen por las leyes que el estoico hombre de visores carmesí conocía y, de tal forma, solo una secuencia dinámica y furiosa pasó frente a sus avasallados ojos. Fuego, destrucción, impotencia... poder. La luna de sus sueños se convirtió en un astro flameante, deseoso por más malicia, y en el ser de los cielos reconoció a la mujer que tenía frente a él. Nada más que su faz, sin embargo, compartía con su amada, todo lo demás era diferente, radical, irreconocible y, aun así, podía verla en lo más profundo de esos ojos carentes de compasión y remordimiento. Clamó su nombre en desesperación, pero el ser no respondía a sus llamados, como si no identificase a la presunta Jean en él. Una voz, profunda y tan cercana como el calor de ambos, le pedía correr, escapar de ahí o que, por favor, rogaba que terminara algo. Pero el abatido hombre no podía tomar ninguno de los dos caminos, se negaba a proceder de la misma forma que a escapar. Gritó a por ella una vez más, pero la ira de la diosa astral no descendía, solo el destructivo ardor de las llamas se dirigieron a él. Cubrió su rostro y corrió hacia ella, sin éxito, las flamas lo empujaban y lentamente incineraban sus ropas, su piel, su alma. El último alarido de ella, casi en un dolor que si pudo identificar con quien llamaba, liberó la flama más temible de todas, arrasando con él y cualquier esperanza de permanecer cerca de ella. Solo un clamor se escuchó a medida que él desaparecía, uniéndose por una única vez en la agonía de ambos.

"Jean..."

La realidad retomó su color original, apagando las interminables ascuas de furia y pasión. Su piel yacía gélida y una transpiración helada recorrió su frente una vez más. Su rostro se cargaba apenas contra la cabeza de ella y aunque parecía necesitar aire desesperadamente, respiraba lento y profundo. Sus palmas se apretaron más fuerte que nunca a las manos de ella, uniendo su cuerpo en profundo resquemor. No mencionó nada, pero en su mente agradeció fugasmente la confianza que ella tuvo en él. El paso de la noche aconteció con sus actos, en los cuales el joven mutante vio más esperanza que nunca en la pronta recuperación de su amada. Las horas con el profesor darían resultado... no era una opción, deberían hacerlo y en lo opuesto, él encontraría otra salida junto a ella. Besó su mejilla y cerró sus ojos aun sin liberarla.

"...Pues estoy contigo"

Cíclope

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Re: Secretos - Privado

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