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Decisiones erradas, Precios altos.

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Decisiones erradas, Precios altos.

Mensaje por Kitty Pryde el Lun Mayo 14, 2012 5:07 pm

Día 420 de exilio


Se acerca el tiempo temido por todos los mutantes, se ha vuelto una cruz que todos deben cargar, unas más grandes que otras, por lo que parece, y yo también me veo obligada a llevar a cuestas la mía.

No he buscado éxito ni fama desde que abandoné la mansión, solo me he empeñado en pasar desapercibida y lograr sobrevivir en esta vida vacía que adopté por convicción propia, aunque se no es la mejor. Con mis conocimientos y estudios de ingeniería y computación logré entablar algo similar a una "amistad productiva" con un hacker que vive un piso más abajo, puede decirse que las personas que viven en este edificio respetan mi privacidad y mis deseos misantrópicos de excluirme del mundo y su movimiento rotatorio, quizá me atrevería a decir que a algunos le simpatizo, o al menos, me comprenden mejor de lo que muchos otros harían.

Sólo una persona ha logrado colarse en mi vida y pasado, Daniel, mi inquieto y mutantísimo vecino, ligeramente exhasperante y lleno de jovialidad, chispa y ruido, un verdadero caos de formas multicambiantes, un recuerdo eterno de aquella mujer que solía ser en casa, un escalofriante atisbo a la serenidad y comprensión que Scott tenía para conmigo, !quién lo diría!. Solo a él me he permitido contarle toda la verdad, e incluso, una ocasión materializó aquella pregunta que desde siempre, me ha venido martilleando las sienes, como respuesta lógica a la situación con Peter.

-Y entonces, ¿por qué no se casaron?-

-Por que para ir contra el mundo y tomar esa decisión, ambos deben estar enamorados. Yo lo estaba, él no.. Escarmenté-

Esa respuesta tajante y efímera aún me causa ciertos problemas de asimilar, pues me contradigo cada noche. No, si he de ser sincera, no escarmenté, solo pretendo creer que es así, una mentira piadosa auto-inflingida para borrar cicatrices añejas y recuerdos espinosos que se entierran cada vez más profundo y me hacen sangrar en sueños realistas.

420 días, un año con cincuenta y cinco días de exilio. Desde antes de salir de la Academia, siempre me ha perseguido esa atmósfera pesada y gris de quien sabe siempre estará sola; he aprendido a convivir conmigo misma, soportarme, consolarme y castigarme tambien; la vida me ha aleccionado bien, me está enseñando a ser más precavida con lo que le confío a los demás y no entregar a manos llenas, mas sin embargo, todos necesitamos alguien que nos escuche, alguien en quien creer. La soledad puede acostumbrarse a nosotros, pero nosotros no podemos acostumbrarnos a ella por mucho tiempo, quizá es por eso que en un momento de mi inquieta vida, desesperadamente necesité encontrar a mi alter ego, a mi mitad cósmica, y creí encontrarlo en Peter, mas una vez mas, me equivoqué. Fue esa necesidad de tener a alguien en mi vida la que me enseñó algo muy importante, algo que duele y que siempre dolerá.

Me arrepiento de nunca haberle besado como despedida, aunque sus labios no poseyeran anda divino ni puro, eran labios iguales a otros tantos; no se si después de mi partida, repartió besos desmedidos, como quien bebe agua. Para mí, un beso es más íntimo que una caricia o una noche de pasión; hacer el amor se resume en aquel beso que muere en los labios del amante, en esa entrega callada y completa que nos recuerda nuestra dependencia y posesión detrás de esos labios.

Debo admitirlo, me enamoré como una idiota. Fue su mirada, se que eso fue lo que me enganchó a ese hombre tierno y sensible; una mirada como la suya no se encuentra todos los días. Sus ojos reflejan una inocencia y una nobleza férrea, misma que te hechiza y lleva a la muerte de la misma manera que el espejo de un río asesina al Narciso vanidoso. Aún ahora, cuando cierro los ojos, ahí está su mirada que se refugia en la mía, esas pupilas de cavernas oscuras que esconden seres imaginados por mi. !Malditos ojos que esconden la belleza más siniestra envuelta en la inmadurez y el miedo sereno de lo impredecible!.

Un año con setenta días han pasado desde la última vez que cruzamos palabra. Es curioso que solo recuerde lo último que dijo, la expresión final en sus ojos, la primera y única vez que pude dormir a su lado. ¿Por qué el recuerdo del pasado tiene que volver cuando menos lo deseamos?; un día estamos sobreviviendo a la rutina y al siguiente, deambulando por la calle, nos topamos con un fragmento del pasado que intentamos enterrar y que el destino se empeña en exhumar justo ahora.

¿Por qué precisamente ahora, cuando creí haberte olvidado, algo tiene que hacerte llegar a mi vida de nuevo?.


Katherine


Esta noche decido emprender el regreso a casa. La idea me ha rondado en noches calurosas desde que Soma llegó de nuevo a trastocar mi vida, pero hasta ahora, no me atreví a hacerlo, no concibo verme en una situación tan extrema de nuevo, aunque tal vez -o en realidad, debo decir- tengo miedo.

Conozco la soledad porque he vivido con ella; la conozco tan bien que se que, aunque en compañía de alguien, puedo reconocerla frente a mi, ahí está, tomándose una cerveza o hurgando en mis pupilas cuando me miro al espejo y temo que solo a ella podré hablarle una vez que regrese a la Academia. Ahí está aunque no la llame, siempre sabe cual es el momento justo para que se acerque y plasme un beso satírico en mis labios marchitos.

El reloj marca las once, las calles despejadas de Boston esconden en las mortecinas luces de sus farolas a los cazadores insatisfechos que esa noche pretenden hacer de mi, su presa; después de todo, unos jeans desgastados y una playera negra no me dan un aspecto particularmente autosuficiente. Aún recuerdo la última noche en ese cuartucho de mala muerte, en la ciudad vecina donde decidí despedirme del miedo y la indecisión, imaginando incluso los peores escenarios de la "bienvenida". Se que no será fácil, se que no puedo esperar abrazos y risas; solo auguro frialdad y soledad. Una vez mas, aquella espina llamada silencio se hunde en mi interior.

Enciendo un cigarrillo conforme avanzo por las calles desiertas, en mi mente, ensayo las poses que debo tomar ante cualquier recibimiento, incluso los pensamientos que me asaltarán al tocar a la puerta parecen desfilar como una película bizarra, acompañados de la forma mas sutil de esquivar la mirada de quien estará frente a mi en cualquier momento. Solo espero que sea Scott quien acuda al llamado, por que de ser cualquier otro, seguramente daré media vuelta y me perderé en las sombras. No puedo enfrentarme a nadie, solo a él, tan estoico que sus reacciones me son predecibles.

Me pregunto, ¿estoy segura de querer hacerlo?, no se qué es mas fuerte: Las ganas de volver, o el miedo de enfrentar a quien no me ama. ¿Qué es lo que quiero probarme?, ¿quiero demostrarme acaso que tengo la valía suficiente para dejar atras el pasado?, ¿sentirme con la capacidad de reinsertarme en la vida de los demás?. !Demonios!, tengo que ser valiente, decidirme a hacer lo que se me de la gana sin importar las consecuencias. Es hora de hacer a un lado la pose de señorita virginal y propia, si quiero gritar, ultrajaré el silencio de la noche. Este es el momento de dejar atrás a la Katherine que salió de la mansión con el corazón roto, y regresar como la Gata Sombra que no necesita de nadie. Han sido 420 días recordando lo que no fue, 420 días castrantes en los que no hacía más que pensar en él.

¿A quien quiero engañar?. Ni siquiera me he movido del mismo sitio en las últimas tres horas, ahí, en el campo abierto frente a la Mansión de Charles Xavier, el corazón me late desaforado y siento un nudo en el estómago mientras observo con un deje de preocupación, el silencio absoluto que rodea a aquella noche sin luna. El edificio llora los años por sus agrietadas paredes, sobre la acera desfilan un sinfín de hojarascas que dan la música sutil de ese pasaje nocturno. Mi vista pasea de un lado a otro de la calle y aún no encuentro el valor para enfrentarme a aquello que me espera tras esas altas rejas, mejor regreso al motel donde Daniel me espera, mejor desfogo con él las ansias que tengo de Peter, desahogo la frustración de ser una cobarde, de no atreverme a dar la cara. Quizá no soy tan fuerte como esperaba.

-Otro día será-

Kitty Pryde

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Re: Decisiones erradas, Precios altos.

Mensaje por Kitty Pryde el Mar Mayo 15, 2012 1:57 pm

Día 426 de exilio

Mi vista va de un lado a otro de la calle y aún no encuentro lo que busco. Abundan los humanos y los mutantes que, como yo, no presentan ningún signo visible de la "enfermedad", como los seres humanos han llamado a nuestra evolución genética; mi mirada se posa en un grupo de jóvenes con demasiado maquillaje y ropas llamativas, se que Daniel no aprobaría esto, se que incluso, se ha de preguntar por qué quiero hacerlo, por qué no simplemente voy y toco a la puerta, desafiando así, el sino cruel del que vengo huyendo por meses. No, me he cansado de buscar lo que evidentemente, no encontraré esta noche. Subo por esa misma calle, girando a la izquierda tres cuadras más adelante, ¿debería hacer un último intento?.

Perfume de Gardenias, tiene tu boca..

¿En verdad tenía aquel perfume?, ya no lo recuerdo, tal vez aquella ambrosía es la que seguro embriagó tantos labios, al final de cuentas, solo es un espejismo que ofrece al solitario, una esperanza. !Demonios!, !yo también quise embriagarme en sus brazos!, dormir el sueño de Morfeo lascivo, probar ese veneno de Romeo que, a pesar de saber que solo hace daño, bebemos ciegamente para encontrar el éter de nuestra alma.

No, él me desterró de su vida, yo me desterraste de la vida de los demás, un intercambio justo por calma y paz mental para aquellos que amo, debo olvidar esos pensamientos y centrarme en esa búsqueda infructuosa que terminará llevándome hasta los mismo linderos de la mansión, sin atreverme a ir más allá. !Cobarde!, !mil veces cobarde!.

Un último intento, las luces rojas de neón enmarcan el nombre de aquel lugar: "Cielo Rojo". En la entrada abundan los jóvenes que, como yo alguna vez lo hice, buscan pasar desapercibidos para poder entrar y darse la vida de adultos por una sola noche, quieren dejar de ser considerados niños pero aún no tienen la edad suficiente para ellos, ante la sociedad opresora, aún deben estar jugando con muñecas.

-Hey guapa, ¿vienes sola?-

¿Cuántas veces no has escuchado aquello?, desde antes de marcharte; ¿por que los hombres le tiran a todo lo que posea faldas y un par de pechos?. Resoplas enfadada, a punto de responder de mala manera, cuando una mano te toma de la cintura y te aparta del sujeto, estás a dos segundos de perder los estribos con tantas familiaridades y entonces recibes ese suave apretón que acompaña a la sonrisa de comercial y los reflejos de un cabello rojizo que delata a Daniel, tu compañero de viaje. Benditos los salvadores.

-Vámonos Katherine-

Sisea simplemente, tirando de mi en dirección opuesta, con el enfado dibujado en su mirada de tal manera, que me recuerda a una versión muy joven de Scott mezclada con una bizarra versión de Ororo. ¿Acaso incluso en el exilio, me perseguirán esas dos figuras de autoridad?, si, lamento decir que, con todo, Daniel ha sido un Cíclope y una Storm en mi vida. De vuelta al motel, de vuelta a esa deprimente estancia de una cama y dos sillas, un televisor en blanco y negro y una valija que guarda todo lo que poseo en este mundo -Y no, tampoco él se hallaba en el fondo de ésta, por más que lo busque-

-Buenas noches-

Una seca y parca despedida, él dormirá en la silla, vigilante, mientras Morfeo me aprisiona en sus brazos decadentes y una vez más, el día muere sin que yo encuentre el valor para por fin, acercarme al sitio que una vez llamé hogar. Se acerca el tiempo de los fantasmas, de los recuerdos fatalistas y ceremonias luctuosas. Cuatrocientos veintiseis días pasaron ya desde esa noche y la culpa ha re-encontrado una nueva forma de torturarme, ahora convertida en placentero sueño que se torna pesadilla.

Estoy en un kiosko que yace en el centro de un jardín. Mi cuerpo atraviesa el suelo confundiéndose con las tablas de roble envejecido; quiero adoptar ese rictus para ser una tabla más, formar parte de algo, de un todo. El viento arroja una melodía a mis oídos.

Despierto y me dejo embelesar por las notas de aquel Nocturno que atrapa mi corazón y lo estruja, le exprime la sangre para que un torrente fresco lo deje henchido y nuevo. Consigo levantarme, respiro el olor a humedad y dejo que la música me guíe.

Alrededor del kiosko hay cuatro senderos, cada uno flanqueado por diferentes árboles; el primero es dueño de una sombra regalada por los pinos, el segundo tiene la melancolía del maple en otoño, el tercero, la frescura de los naranjales, mientras que el cuarto llora por sus sauces. Escojo el tercero, el aire cítrico se cuela por mis ropas, las perfuma. Camino, camino, camino. A medida que me adentro en aquel sendero los árboles van perdiendo sus hojas, se desvisten, mueren e infectan el aire con un olor rancio. La tierra se humedece y se convierte en una especie de lodo espeso que devora a medias mis zapatos. Llego con dificultad a la orilla de un pantano, donde se divisan cuerpos flotando sobre el limo; yacen con la piel dura y llagada, cicatrices ambarinas y secas, hechas a punta de pólvora, todas refulgen como joyas epidérmicas.

“Cruza”, me dice una voz familiar que no logro reconocer. “Cruza, cruza, !CRUZA!”. Camino por la espalda del cuerpo mas próximo a la orilla. “!Ahhhgg!” grita el cuerpo con una voz aguda e infrahumana, fría y olvidada en aquel pantano diftérico. “!Maldita!, !perra!, !cobarde desertora!”, los cadáveres me gritan, se revuelcan en el lodo, me tiran y caigo sobre ellos; muerden, aprietan, pellizcan. “Suéltenme, aléjense”, suplico con voz casi ahogada por el limo, mas ellos se aferran a mi, desean hundirme, volverme una de ellos. “Traidora, a tu propia sangre”, lo repiten en salmódico compás. “Los traicionaste, confiaron en ti y terminaste dándoles la espalda”. Sus voces taladran mi mente, estrujan mis pesadillas. “Cállense, !CALLENSE!”. Lentamente los cuerpos toman forma, mis cuatro víctimas alzadas de la tumba del recuerdo para atormentarme -Peter, Soma, Kurt y el Profesor-.

-!Callense!-

La luz mortecina de la lámpara de noche ilumina el escenario, cual representación siniestra, a mi lado, el suave susurro de una voz masculina que me conmina a la calma, al descanso, a la cordura; unas manos ásperas y fuertes, un acento ruso que es inconfundible, una lágrima que resbala por mi mejilla al escuchar nuevamente aquel nombre, "Kattya".

-Katheryne.. Kath.. Despierta bonita, fue un mal sueño-

Daniel, mi querido guardián de noches en vela, el amigo entrañable que ha volcado en mí, el cariño hacia aquella mujer que perdió años atrás. Podría amarlo si me lo propusiera, podría olvidar a todo y a todos con su ternura y su dedicación, pero.. El no es Peter, él no es la persona que en sueños, se cuela en las telarañas de Mab para no dejarme partir. Ese sueño rememora un inicio conflictivo, un calvario, mi cruz. El sol se cuela por las persianas, da justamente sobre mis ojos; la cabeza me duele y entre las sombras de la penumbra fresca, me parece ver a dos personajes que desde siempre, me han acompañado como risueños fantasmas que de noche, se erigen en jueces de mi desamparo.

-Soma, Kurt-

Estoy idiotizada, mis actos parecen ajenos, aquel sueño me ha trastocado de maneras que no puedo siquiera concebir; mi compañero ha salido a comprar víveres y ahí, en el culto de la soledad, tomas esa decisión determinante.

No puedo seguir así. Necesito verlos

Aquella nota simple y breve delata desde la entrada, tu ausencia prematura; ni la valija, ni tu risa fresca adorna ese lugar. Daniel sabrá comprenderte, él mas que nadie, es testigo de la necesidad que te ha impelido a cruzar medio país para volver a casa.

Dia 426 de exilio. Día en el que vuelvo a casa.






Kitty Pryde

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